‘Lords of Chaos’ (2018): la estigmatización del metal.

El género musical conocido popularmente como «Metal», cuyos orígenes datan de finales de los años 60 y principios de los 70, nació cuando algunos artistas deformaron los ritmos característicos del rock que, dos décadas atrás, ya había sido un signo de rebeldía. Su motivación principal era utilizar esta expresión artística como una herramienta para criticar el status quo de una sociedad que ya se inclinaba ante lo material y el dinero. Con una propuesta contraria a todo lo políticamente correcto —basada en guitarras distorsionadas, riffs poderosos, baterías veloces y voces desgarradoras—, el metal se convirtió en un símbolo de libertad a nivel mundial.

Sin embargo, como ocurre con cualquier movimiento llevado al extremo, su combinación con creencias radicales, así como el consumo excesivo de alcohol y sustancias prohibidas, produjo uno de los capítulos más oscuros de este género a finales de los 80 y principios de los 90.

Noruega, a inicios de la década de 1990, destacaba por tener un Producto Interno Bruto (PIB) per cápita sumamente alto; por lo tanto, no existía la pobreza estructural ni la marginación social. Además, el país poseía una sociedad con una fuerte inclinación hacia las religiones cristiana y luterana, las cuales fueron introducidas siglos atrás por los primeros reyes descendientes de vikingos como Haakon el Bueno (934–961), Olaf Tryggvason (995–1000) y San Olaf II Haraldsson (1015–1028), quienes sepultaron el paganismo nórdico. Este «aburrimiento social» empujó a los jóvenes de la época a buscar nuevos medios de subversión, sumado a una creciente e inquietante simpatía de algunos sectores por la ultraderecha neonazi.

Bajo este complejo contexto social y político nace lo que hoy conocemos como el Black Metal Noruego, cuya música exaltaba el anticristianismo, lo pagano y, en ciertos casos, la violencia extrema. Bandas como Cadaver, Darkthrone o Amputation fueron parte de esta oleada, pero la historia cinematográfica que nos ocupa se centra en los integrantes de Mayhem y Burzum, cuyas acciones marcaron a fuego la historia de esta música.

Lords of Chaos (2018), dirigida por Jonas Åkerlund, es la adaptación cinematográfica del libro Lords of Chaos: The Bloody Rise of the Satanic Metal Underground. La cinta nos narra en primera persona la historia de Euronymous (Øystein Aarseth), miembro fundador de Mayhem, quien además era dueño de Helvete —la única tienda especializada en esta subcultura en Oslo— y del sello discográfico Deathlike Silence. El argumento se enfoca en los últimos años de vida de Aarseth, quien queda profundamente afectado tras el impactante suicidio en 1991 de Per Yngve Ohlin («Dead»), el vocalista de la banda. El mito cuenta que Øystein tomó fotografías de la dantesca escena e incluso recogió pedazos del cráneo de su amigo. La trama avanza hasta su propio asesinato en 1993 a manos de Varg Vikernes quien, motivado por una insana competencia de egos, desató una ola de violencia extrema en su país mediante la quema de diversas iglesias de un valor histórico incalculable.

La interpretación de los personajes principales quedó a cargo de Rory Culkin como Euronymous, Emory Cohen como Varg Vikernes, Jack Kilmer como Dead y Jonathan Barnwell como Necrobutcher, entre otros.

El director, cuya trayectoria destaca principalmente en la realización de videoclips para artistas de la talla de Roxette, Madonna, Lady Gaga, Ozzy Osbourne, Metallica y Rammstein, además de largometrajes como Polar (2019) o The Horsemen (2009), recrea casi con exactitud los hechos que cimbraron a Europa. Estos eventos estigmatizaron a un género musical a nivel mundial, provocando que perdiera relevancia comercial a finales de los 90, una posición que afortunadamente ha ido recuperando.

Las actuaciones resultan más que convincentes, sobresaliendo especialmente el trabajo de Emory Cohen. Su interpretación de Varg logra transmitir perfectamente la transición de un chico considerado un simple poser a convertirse en la mente maestra detrás de la quema de templos y el posterior asesinato de Euronymous.

Un gran acierto del filme es que, a pesar del pasado musical de su director, no se enfoca de manera exclusiva en la música; de hecho, casi no se escucha ninguna canción completa de las agrupaciones involucradas, utilizando solo las piezas estrictamente necesarias para el desarrollo de la narrativa. Esto convierte a la película en una pieza con un notable valor histórico y documental.

Esta obra está disponible en la plataforma Prime Video, y se las recomiendo ampliamente.

¡Mucho cine para todos!


Descubre más desde

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑