Messiah of Evil (1974): el horror a lo desconocido y la prisión de la mente

El cine de terror de los años setenta tuvo una transformación bastante notable: las películas tenían una mezcla de innovaciones tanto en su argumento narrativo como en la dirección artística y se hacía una fuerte crítica a los problemas sociales, políticos y culturales de esa década y se exploraban los miedos de las personas. Las propuestas de esa época rechazaban convenciones en la narrativa optando por ser más experimentales y audaces que destacaban por sus temas oscuros y viscerales matizados con elementos de horror psicológico, con escenas llenas de violencia que fusionaban con temas de raza y sexualidad. Los personajes eran más complejos que iban desde asesinos seriales, familias disfuncionales hasta líderes de sectas. Debido a que su enfoque era más realista y a la brutalidad de sus imágenes, la lente de estas historias se encargaba de mostrarle a la audiencia el crudo reflejo de la sociedad y su transformación tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo y como consecuencia, las películas buscaban romper tabúes y evadir la censura. Así fue como esa década se convirtió en la época dorada del cine de terror.

Si bien muchas de las obras cinematográficas de terror que surgieron en los setenta alcanzaron el éxito inmediato y la experiencia de verlas en las salas de cine fue excepcionalmente intensa, otras permanecieron en el olvido durante mucho tiempo hasta ser redescubiertas años después convirtiéndose en películas de culto, tal es el caso de la cinta independiente Messiah of Evil (1974) uno de los descubrimientos más emocionantes de los últimos años que fue dirigida, escrita y producida por Gloria Katz y Willard Huyck.

Desde la primera secuencia, Messiah of Evil logra condensar una sensación perturbadora con la introducción de su narrativa y su estilo visual brillantemente marcados en una escena violenta que ejerce como presagio del mal que se irá haciendo presente conforme avanza la película. Además, la aparición de un grupo de seres que parecen sacados de ultratumba, escenas escalofriantes ocurridas en lugares cotidianos, las referencias a cultos satánicos, hedonismo, canibalismo, su inolvidable clímax y desenlace convierten a la película en uno de los clásicos del cine terror imperdibles.

La historia nos lleva a conocer a Arletty Lang (interpretada por Marianna Hill) que llega a Point Dune, una ciudad costera situada al oeste de California con la intención de reencontrarse con su padre, un artista llamado Joseph con quien lleva una relación distante. Arletty encuentra la casa en completo abandono, pero halla el diario de su padre en el que detalla las visiones que sufre constantemente y que cree tener una enfermedad. Arletty llega a una galería de arte en el pueblo, pero el encargado niega conocer a su papá, pero le informa que previamente se habían presentado un trío de viajeros que también lo estaban buscando: el aristócrata Thom (Michael Greer) y sus dos amantes Toni (Joy Bang) y Laura (Anitra Ford). Cuando Arletty encuentra a los viajeros, un vagabundo visiblemente aturdido les asegura que un ser oscuro de procedencia ancestral llegará a la tierra para reunirse con sus seguidores al cumplirse el centenario de su primera aparición y que la señal de ese momento será marcada por el avistamiento de la luna de sangre. Tras esta revelación, Arletty vive una serie de experiencias inexplicables y aterradoras en los alrededores de Point Dune donde los habitantes parecen estar en un extraño estado letárgico, como si estuvieran poseídos por alguna fuerza desconocida.

Construida como una inusual pieza minimalista de terror que logra sobresalir de otras películas de su época, la cinta envuelve a la audiencia bajo una atmósfera macabra, paranoica de surrealismo onírico. El arco narrativo recuerda a las historias de horror cósmico del escritor H. P. Lovecraft, ya que el largometraje muestra una versión frágil y pesimista del ser humano frente a entidades incomprensibles que llevarán a Arletty hacia un inevitable destino. Otro elemento es que nos muestra a Point Dune como un lugar marginal y a medida que avanza la película el entorno se vuelve cada vez más hostil y desesperante tanto para Arletty como para Thom, Laura y Toni, al no poder establecer contacto con los habitantes que se ven cada vez más dominados por fuerzas desconocidas sin que ellos sean capaces de comprender lo que ocurre y ante el miedo de la supuesta llegada del ser oscuro descrito como una entidad ancestral. Frente a todo esto mencionado, es necesario subrayar que la narrativa de la cinta mantiene un contexto que sigue la corriente filosófica del pesimismo radical que se encarga de mostrar la desesperanza como una condición definitiva de la existencia del ser humano frente a la presencia de sucesos inexplicables que no se pueden intervenir ni vencer, en el que se asegura que el ser oscuro volverá exactamente en cien años cuando el mundo se sienta cansado y desilusionado, dando como resultado una devastadora sensación de fatalidad. Por otro lado, en una escena vista a través de la lente desenfocada, se escuchan gritos desesperados y vemos una silueta femenina parecida a Arletty recorriendo los pasillos de un instituto mental. La composición de esta imagen en la historia se vuelve totalmente desconcertante, como algo sacado de una realidad alternativa y siniestra, lo que podría significar el inevitable quiebre mental de su protagonista.

El trío formado por Thom, Laura y Toni representan la revolución social junto con la libertad sexual y desinhibida. En cuanto a los movimientos sociales, Thom representa al aristócrata carismático y de dudosa reputación, lo que encaja a la perfección con las características que tienen los líderes de las sectas; Laura es retratada como una mujer moderna y sofisticada que siempre viste a la moda; Toni personifica a la juventud rebelde. Las dos mujeres simbolizan a la liberación femenina al tener autonomía sobre su propio cuerpo pudiendo ejercer su sexualidad libremente, ya que ambas están en una relación abierta con Thom quien le sugiere a Arletty que se convierta en su amante junto a Laura y Toni que además actúan como si fueran sus fieles seguidoras. Arletty encarna a la mujer que va en búsqueda de la familia y de su identidad. Tal como lo muestra la película, su preocupación por saber el paradero de su padre y lo que ocurre con él se vuelve cada vez más fuerte temiendo que ocurra lo peor.

La libertad sexual junto con la idea de seguir una vida llena de excesos era algo bastante común tras el surgimiento la revolución sexual y el amor libre en los años sesenta. A su vez, la construcción de estos tres personajes ejemplifica de una manera simbólica al hedonismo de la clase media estadounidense al estar retratados como personas superficiales que en un principio permanecen ajenos a los acontecimientos oscuros que ocurrían en el pueblo enfocándose en su constante búsqueda de placer y nuevas experiencias. Al preferir ese estilo de vida llevados por el vacío existencial en el que se rigen por sus propios deseos, el trío se vuelve cada vez más vulnerable ante el mal que envuelve Point Dune, que los empuja hacia consecuencias devastadoras. De igual manera, el hedonismo aparece de una manera simbólica en el comportamiento de los habitantes que se entregan a comportamientos que los hacen estar fuera de sí mismos, practicando rituales extraños, entregándose a placeres primitivos, aludiendo a un desequilibro de la naturaleza humana y como consecuencia la pérdida de la comunidad.

Es importante mencionar que la película tiene un contexto histórico, cultural y religioso, por ejemplo, hacia el clímax se revela que siglos atrás el ser oscuro se encontró con un hombre a quien le aseguró ser un ministro que se había reunido con la Expedición Donner y que los vio cometiendo actos atroces. En un contexto histórico se sabe que la gente de esa expedición fue un grupo de colonos norteamericanos que tras vivir una serie de percances recurrieron al canibalismo para sobrevivir. En otro flashback se menciona que el puerto, antes de llamarse Point Dune originalmente se le conocía como New Bethlehem (Nuevo Belén) que le da una connotación religiosa refiriéndose al pueblo de Palestina donde nació Jesucristo, pero que Katz y Huyck optan por darle un giro oscuro y perverso dentro de su narrativa, ya que en árabe la palabra Bethlehem suele traducirse como “la casa de la carne”, de esta forma tanto la referencia a la Expedición Donner como el nombre original de Point Dune se convierten en presagios a la naturaleza caníbal de los habitantes.

Además de ser visualmente estilizada y con una intensidad vívida, la película está elaborada con efectos especiales prácticos en los que destacan las figuras humanas pintadas en las paredes de estilo pop art de gran tamaño. El uso de las piezas de arte, omnipresentes en gran parte de la cinta parecen vigilar constantemente a los personajes y cuya dirección de arte a cargo de Joan Mocine y Jack Fisk que sobresalen gracias a la impecable cinematografía por parte de Stephen M. Katz cumplen con una doble función, tanto estética como simbólica con un toque siniestro que junto con el trabajo de cámara que utiliza ángulos y encuadres inusuales le aportan al lenguaje visual una sensación de paranoia. Los arreglos musicales del compositor Phillan Bishop intensifican el suspenso y terror sumergiendo al espectador en una espeluznante experiencia sensorial que se extiende durante todo el largometraje.

Las escenas en interiores y exteriores funcionan como metáforas de confinamiento y persecución que dan la impresión de que nadie se mantendrá a salvo: el entorno doméstico hace que la atmósfera se sienta claustrofóbica y abrumadora; los murales de la casa de Joseph tienen dibujos de paisajes y una escalera eléctrica que fungen como metáforas de salidas falsas de Point Dune, pero como audiencia sabemos que toda la costa es una trampa; las figuras humanas parecen estar vigilando constantemente a los personajes, lo que intensifica la sensación de melancolía y desolación; en el exterior, ya sea en las calles o en los lugares cotidianos, se encuentran los habitantes en estado de trance y con instinto caníbal que están por todo Point Dune y que a pesar de estar delimitada en la frontera oeste parece ser una ciudad costera en la que no hay una salida más allá de ese punto; el mar tampoco parece ser una vía de escape, simplemente todo está muerto y vacío, hundiéndose lentamente en una espiral de caos ocasionado por las fuerzas extrañas que lo rodean. Al estar ahí Arletty se convierte en víctima de las circunstancias inexplicables y le resulta imposible mantener una sensación de alivio.

Esta mezcla de arte y terror dan como resultado una obra cinematográfica que a pesar de ser de bajo presupuesto o Serie B logró redefinir el cine de terror de los años setenta y es claro que Messiah of Evil, al igual que otras cintas de terror estadounidenses de esa década emerge como una crítica social al exponer la ruptura de su sistema de valores, así como el desenfrenado crecimiento de las sectas y la fama que obtenían sus líderes carismáticos, llamando más la atención de mujeres jóvenes quienes resultaban ser las más vulnerables. Esos líderes se autonombraban Mesias lograban manipular a sus seguidores al formar su propia comunidad asegurándoles que alcanzarían la espiritualidad. Asimismo, Messiah of Evil hace una crítica al descontrolado consumismo que invadía a la sociedad norteamericana en los setenta debido al incremento del desarrollo industrial capitalista ocurrido en la posguerra y que tuvo un enorme impacto afectando no solo a la economía, sino que también a nivel social y cultural. En la película vemos satirizada esta tendencia en las escenas de canibalismo en el supermercado.

A falta de apoyo de grandes estudios, la cinta fue rodada con un presupuesto limitado, lo que ocasionó fallas en la ejecución, ya que algunas de sus escenas no se completaron y hay situaciones que resultan confusas o sin explicación alguna, como una de las primeras víctimas que aparece al inicio que nunca se sabe quién era, por lo que termina siendo ignorada en el desarrollo de la película. Tampoco se sabe la identidad del señor oscuro, aunque hay guiños que apuntan que podría ser uno de los personajes clave. Esta pequeña inconsistencia del guion logra pasar desapercibida gracias a la buena combinación entre la dirección artística y cinematográfica que siguen los códigos de percepción del espectador acentuando la estructura argumental por lo que nunca se pierde la conexión con la historia.

Pero Katz y Huyck no solo enfrentaron problemas con el presupuesto limitado y las escenas que no pudieron filmar, también tuvieron problemas con el título: en el transcurso de la filmación el título provisional fue The Second Coming, luego fue estrenada bajo títulos alternativos para lograr atraer más audiencia. En el año 2011 la actriz Anitra Ford confirmó en su blog que al terminar el rodaje y después que los inversionistas retiraran su dinero de la producción, un hombre compró el metraje, se encargó de terminar de editarlo y finalmente fue titulado de manera oficial Messiah of Evil.

Aunque durante su estreno Messiah of Evil no obtuvo el éxito esperado, con el tiempo se ha consagrado como una película de culto llegando a un público más amplio, con una lectura interesante que refleja el contexto político, cultural y social estadounidense, con las tensiones que aún afligían al país tras la Guerra de Vietnam, exponiendo y satirizando de una manera visceral acontecimientos relacionados con la historia mediante situaciones y personajes multidimensionales con comportamientos cuestionables, marcados por una serie de oscuros acontecimientos que logran incomodar al espectador al grado de hacernos sentir que lo que vemos son fragmentos de una pesadilla en el que permea el miedo al aislamiento, a la desconexión con el mundo mientras se exploran dos posibles realidades paralelas para profundizar en el horror psicológico de la prisión de la mente.


Lily Droeven es escritora profesional de reseñas y ensayos de cine. Su trayectoria empieza en abril de 2021, cuando empezó escribiendo de manera profesional para el female film journal Girls at Films y también ha realizado entrevistas a mujeres que laboran en distintos espacios de cine desde actrices, productoras hasta directoras. En mayo de 2023 salió su primera publicación en la revista Letras Libres como escritora ocasional en la sección de cine Letrillas. Su amor por el cine es profundamente personal. Le gusta mucho ver películas clásicas y contemporáneas internacionales porque disfruta conocer la historia del cine de otros países y sus culturas a través de su narrativa. Trabaja como diseñadora editorial. Nació en 1987 y vive en Mérida Yucatán. Puedes leer sus textos y seguirla aquí.


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