Hay películas que te marcan; que hacen que se te erice la piel al comprender que lo que ves en pantalla no es ficción, sino el retrato de una realidad brutal. La guerra —inexplicable y dolorosa desde que el mundo es mundo— ha dejado cicatrices de una barbarie incomprensible para quienes, afortunadamente, no hemos estado en medio de un conflicto bélico.
Uno de los episodios más sangrientos de la historia moderna fue la Guerra de Vietnam, un conflicto marcado por el avance del comunismo y la lucha geopolítica. En 1964, tras el incidente del Golfo de Tonkín, Estados Unidos decidió intervenir de forma tajante en un conflicto en el que ya participaba de manera velada. Sin embargo, la guerra no se limitó a Vietnam; se extendió a los países vecinos, entre ellos el Reino de Camboya, escenario donde se sitúa esta historia.
The Killing Fields (Los gritos del silencio), dirigida por Roland Joffé y protagonizada por Sam Waterston, Haing S. Ngor y John Malkovich, narra la historia de Sydney Schanberg (Waterson), reportero de The New York Times. Enviado a cubrir el conflicto, Schanberg conoce a Dith Pran (S. Ngor), un periodista local que se convierte en su guía, intérprete y amigo entrañable.
La cinta se basa en el reportaje «The Death and Life of Dith Pran», publicado en 1980. En ella, somos testigos del horror: desde el bombardeo accidental de Neak Loeang por el ejército estadounidense, hasta el ascenso del Jemer Rojo (Khmer Rouge), el grupo radical que instauró un régimen de terror e insurrección en Camboya.

La narrativa alcanza su punto más alto cuando Schanberg y otros periodistas, como Al Rockoff (un joven John Malkovich), logran evacuar el país, pero Pran queda atrapado. Lo que sigue es un descenso a los «Campos de la Muerte», donde el silencio es la única forma de sobrevivir y donde incluso los niños son adoctrinados para la crueldad. El tercer acto, que muestra la huida de Pran hacia un campo de refugiados de la Cruz Roja, es una prueba de resistencia humana que corta la respiración. La escena final, el reencuentro de ambos amigos al ritmo de «Imagine» de John Lennon, otorga a la película una carga emocional difícil de olvidar.
El filme fue un éxito rotundo: obtuvo siete nominaciones al Óscar, ganando tres de ellos. Destaca especialmente el premio a Mejor Actor de Reparto para Haing S. Ngor, quien no era actor profesional sino médico, y un sobreviviente real del régimen del Jemer Rojo, lo que añade una capa de verdad desgarradora a su interpretación.
A pesar de ser considerada por la revista Empire como una de las mejores cintas de la historia y haber arrasado en los premios BAFTA, su ingreso al Registro Nacional de Cine en EE. UU. ha sido complejo, en parte por su cruda crítica a la política exterior de ese país.
Vi esta película por primera vez en secundaria, en formato Betamax. Años después, tras buscarla en diversos formatos y plataformas, volví a verla y el impacto fue idéntico. Es una obra que no pierde vigencia. Si tienen oportunidad de encontrarla, no la dejen pasar.
¡Mucho cine para todos!
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