Con ocho años de noviazgo y cincuenta de matrimonio, la pareja formada por Jeanne Rucar y Luis Buñuel lleva hilvanada en sus bordes la palabra cariño. Un amor a primera vista y la vida de una esposa que transitó entre la incondicionalidad y la abnegación.
Solo la muerte fue capaz de separarlos, cuando se llevó a Buñuel en 1983; para contrarrestar el dolor y la soledad, Rucar decidió recopilar sus memorias en un libro que tomó su tiempo completar, tras la paulatina pérdida de la vista de la viuda. Memorias de una mujer sin piano (1990) es un documento invaluable, que por un lado permite acercarse a momentos poco conocidos en la vida del cineasta, y por otro es una confesión sincera de una mujer que se lamenta el no haber ido más allá en su pasión por la pintura, la música o la medicina.
Estamos ante una de esas muchas historias donde se aplica preciso aquel dicho que reza “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”: Buñuel fue quien fue en gran medida gracias al apoyo, el amor y la disciplina de su paciente compañera, con quien procreó dos hijos.
A lo largo de 240 páginas divididas en 11 capítulos y un prólogo, Jeanne Rucar mira en retrospectiva su vida y recuerda momentos importantes: los años duros de la guerra; las olimpiadas y la gimnasia en 1924; sus lecciones de piano en la infancia; el encuentro con Buñuel en 1925 y la boda en París para 1934; partir de Francia y viajar a Estados Unidos y México; el éxito y la gloria de su esposo como uno de los grandes directores de la historia del cine; también hay tiempo para los conflictos y las tribulaciones del extraño hombre que era Buñuel, con una subsistencia ligada al surrealismo.
Presentado con bellas fotografías de momentos familiares, Memorias de una mujer sin piano funciona también como el manifiesto de una mujer que se arrepiente de haber permanecido en la penumbra, preguntándose qué hubiera sucedido de haber confrontado en algún momento al impositivo director español. En noviembre de 1994, Jeanne Rucar falleció en la Ciudad de México. Sus memorias, resurgen en un momento donde la fuerza del feminismo ya es imparable, exhortando a las mujeres a luchar siempre por sus sueños y no permitirse caer en las sombras.
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