Hay historias que parecen sacadas de una película. Pero cuando conoces su origen, compruebas que la realidad siempre, supera a la ficción.
Un hijo propio (2026), el más reciente documental de la cineasta chilena Maite Alberdi, parte precisamente de una de esas historias: el caso real de Alejandra Marín Mendoza, una mujer mexicana que, después de varias pérdidas gestacionales y de enfrentarse a la presión de su entorno por convertirse en madre, fingió un embarazo durante meses, hasta que su mentira terminó involucrándola en el robo de una bebé recién nacida.
La película acaba de estrenarse en Netflix y cuenta con actores mexicanos como Ana Celeste, Ángeles Cruz, Luisa Guzmán, Armando Espitia, Mayra Sérbulo, Casio Figueroa, Alejandro Porter y Mayra Batalla. Quienes participan en las reconstrucciones dramatizadas de los acontecimientos. Estas escenas se combinan con testimonios de personas relacionadas con el caso y otros elementos documentales. El resultado es una propuesta que se mueve constantemente entre la realidad y la ficción.
Alberdi conoció el caso mientras realizaba una investigación en la cárcel de Santa Martha Acatitla, en Ciudad de México. Lo que comenzó como parte de otra investigación terminó despertando su interés por Alejandra y, especialmente, por las circunstancias sociales y personales que podían haberla llevado a construir un engaño de semejante magnitud.
Pero Alberdi no está interesada únicamente en reconstruir un caso que podría convertirse fácilmente en una crónica de nota roja. Su mirada se dirige hacia una pregunta mucho más incómoda: ¿qué puede llevar a una persona a sostener durante tanto tiempo una mentira semejante? La directora observa a Alejandra sin reducirla a la etiqueta de criminal ni convertirla en una víctima absoluta. Comprenderla no significa justificar sus actos, sino intentar mirar qué hay detrás de ellos.

Esta manera de acercarse a sus personajes es una de las características más fascinantes del cine de Alberdi. En El agente topo (2020), película con la que personalmente descubrí su trabajo, un hombre de 83 años se convierte en un improvisado detective dentro de una residencia para adultos mayores. Lo que comienza casi como una película de espionaje termina transformándose en una historia conmovedora sobre la soledad, la vejez y la necesidad de sentirnos acompañados. Sergio Chamy, su protagonista, es uno de esos personajes que parecen improbables para protagonizar una película y que, precisamente por eso, terminan quedándose con nosotros.
Esta búsqueda de lo extraordinario en lo cotidiano se repite a lo largo de su filmografía: en La memoria infinita (2023) observa el amor de Paulina Urrutia y Augusto Góngora frente al avance del Alzheimer; en El lugar de la otra (2024), su primera película de ficción, reconstruye el caso de la escritora chilena María Carolina Geel, quien asesinó a su amante en 1955.
Justamente en El lugar de la otra el antecedente que permite entender mejor Un hijo propio. Ambas parten de hechos reales protagonizados por mujeres que quedaron atrapadas en acontecimientos difíciles de explicar. En El lugar de la otra, Alberdi utiliza la ficción para imaginar aquello que los documentos históricos no podían mostrar; en Un hijo propio, regresa al documental incorporando reconstrucciones dramatizadas.
En ambas películas, el acontecimiento extraordinario es apenas el punto de partida para explorar algo mucho más profundo, las expectativas sociales, la identidad y la forma en que una mujer puede terminar enfrentándose a los límites impuestos por su entorno.

Y hay un elemento que termina de darle a Un hijo propio una dimensión especialmente conmovedora: la música. La canción En otra vida, de la cantante argentina Yami Safdie, acompaña uno de los momentos más emotivos de la película. Su presencia funciona casi como un eco de todo lo que hemos visto: las decisiones tomadas, las posibilidades que se quedaron en el camino y la pregunta inevitable por esa otra vida que pudo haber sido.
Desde sus primeros trabajos, la cineasta chilena ha demostrado que no necesita personajes convencionales para construir historias profundamente humanas. Su cine observa con curiosidad, humor y sensibilidad a personas que muchas veces han quedado fuera del centro de las narrativas. Son personajes imperfectos, contradictorios, vulnerables y, muchas veces, entrañables.
Creo que ahí es donde radica la esencia de su visión; Alberdi mira lo extraño, lo improbable y lo incómodo hasta encontrar, detrás de todo ello, algo que reconocemos como profundamente humano.
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