‘Tea Rooms. Mujeres obreras’ (1934): la búsqueda de la emancipación de la mujer trabajadora

La escritora Luisa Carnés fue una figura emblemática del mundo literario durante la Segunda República Española (periodo que abarcó de 1931 a 1936) pero que se convirtió en una de las escritoras olvidadas de principios del siglo XX que perteneció a la Generación del 27. Fue muy conocida por su constante compromiso social: pertenecía a la clase obrera, era feminista y militante devota del PCE (Partido Comunista Español) y apoyó a Clara Campoamor en su defensa al sufragio femenino. Se desempeñó principalmente como periodista a favor de las causas sociales y de la república convirtiéndose en una de las voces clave más importantes de la cultura española durante los años treinta.

A diferencia de otras escritoras y mujeres intelectuales de la Generación del 27, Luisa no provenía de un entorno adinerado, su familia era de clase obrera y abandonó la escuela a los once años para entrar a trabajar en la tienda de sombreros de su tía, más adelante se desempeñó en otros trabajos. Como novelista formó su carrera literaria de manera autodidacta y en su talento destacaba su frescura y calidad narrativa. Su profundo interés por los derechos de las mujeres trabajadoras la llevó a escribir cuentos basados en las experiencias de su vida como obrera y en 1928 publicaron su primer libro Peregrinos de Calvario una antología que refleja la narrativa social de la preguerra civil española en la que Luisa daba muestra de su preocupación social e incluía algunas de las técnicas narrativas que desarrollaría en sus obras posteriores.

Las obras de Luisa empezaron a llamar la atención por su acercamiento a la realidad al escribir de una manera subjetiva y profundamente humana, siempre desde la experiencia propia en el que retrataba las injusticias que vivían las mujeres de la clase obrera, mostrando así su compromiso político aportando una mirada feminista y reivindicativa, por lo que su público lector estuvo conformado mayormente por mujeres trabajadoras que conectaron de inmediato con el contexto social de sus obras consiguiendo una muy buena acogida por parte de la crítica y de los círculos literarios madrileños. Sin embargo, la carrera literaria de Luisa fue interrumpida durante el estallido de la guerra civil debido a su condición de mujer y su actividad política, ya que al inicio de la guerra comenzó a publicar artículos de prensa en los principales medios de propaganda y a participar en labores de agitación del Partido Comunista demostrando su devoción por la causa republicana y fue silenciada por la dictadura como muchas otras mujeres ilustres de su tiempo. Cuando la guerra civil finalmente terminó en 1939, Luisa tuvo que exiliarse en la Ciudad de México volcando su carrera en la radio y en el ámbito periodístico continuando con sus publicaciones. Falleció trágicamente en 1964 y sin poder regresar a España.

A pesar de que su obra permaneció invisibilizada durante muchas décadas, la editorial independiente española Hoja de Lata sacó a Luisa del olvido en el año 2016 y se rescataron y reeditaron cuatro de sus obras: Tea Rooms. Mujeres Obreras (publicado originalmente en 1934; reeditado en 2016), Trece Cuentos (textos escritos que datan entre 1931 y 1963 pero rescatado y publicado por la editorial en 2017), Rosalía (publicado originalmente en 1945; reeditado en 2018) y Juan Caballero (publicado originalmente en 1956; reeditado en 2024).

De esas obras seleccionadas la más importante y representativa es Tea Rooms. Mujeres Obreras, una novela coral de estilo periodístico y realismo social en la que Luisa se encarga de romper los esquemas narrativos tradicionales al exponer las duras condiciones laborales, la explotación y la miseria en la que viven las mujeres trabajadoras de un salón de té durante la preguerra española. Esta pieza literaria sirve como instrumento de denuncia ante la opresión y explotación laboral de las mujeres trabajadoras está narrada a través de la lucha obrera femenina. A su vez aborda otras temáticas como los derechos de las mujeres, la precariedad en los barrios madrileños así como las relaciones de clase y género mientras se cuestionan el papel que tienen en una sociedad moralista que criminaliza el aborto y justifica la sumisión femenina ante la desigualdad y represión patriarcal bajo el panorama de los años treinta pero ante el surgimiento de las ideas revolucionarias, la radicalización y el movimiento obrero durante esa parte de la historia de Madrid, se buscará la emancipación femenina por medio de acciones como la solidaridad entre mujeres, la necesidad de organizarse para hacer huelgas y la dignidad.

La historia sigue a Matilde, una joven de clase obrera que busca trabajar como mecanógrafa para ayudar a su familia, pero ante tantos rechazos y por necesidad económica termina aceptando un trabajo como camarera en un distinguido salón de té ubicado cerca de la plaza Puerta de Sol en Madrid. Las jornadas laborales parecen no terminar y el sueldo de tres pesetas por una jornada laboral de diez horas no es suficiente para vivir. Ahí conoce a sus otras compañeras de trabajo: Antonia, Paca, Laurita y Marta, cada una con sus aspiraciones, miedos y frustraciones. Pese a las problemáticas que se sufren las trabajadoras frente a la lucha por la supervivencia el mensaje que nos transmite Luisa en su novela es la importancia de la emancipación femenina y levantando la voz en contra de quienes forman parte de las estructuras de poder capitalistas que oprimen.

La novela no sólo destaca por estar construida como un híbrido entre ficción y periodismo, también posee un estilo narrativo fresco que alterna de manera fragmentaria las voces y visiones de los personajes durante momentos cotidianos empleando una observación completamente naturalista que prefiere no seguir una narración lineal clásica, por lo que la novela se convierta en un ejercicio de memoria democrático con una mirada profundamente subjetiva a la desigualdad social que retrata las dificultades que enfrentaban las mujeres trabajadores durante los años treinta con el sistema capitalista.

La autora Luisa Carnés (Foto: Vogue España)

Luisa escribió su novela basándose en su experiencia como camarera y Matilde, la protagonista está inspirada en ella y su desarrollo en la historia refleja el despertar de la conciencia política ya que siempre está cuestionando la división social y económica, así como las condiciones laborales en las que trabajan, demostrándole a sus compañeras que no está dispuesta a complacer ni a dejarse explotar por sus superiores. Desde el inicio, Matilde se encargará de guiar al lector a conocer hasta el fondo la explotación laboral y las precariedades que sufren las mujeres de la clase obrera. Bajo su perspectiva, Matilde hace reflexionar a sus compañeras alentándolas a que aspiren a una mejor vida sin que tengan que depender de un hombre; les habla de la importancia de la solidaridad entre ellas y de organizarse para hacer huelgas, por lo que es notable que Luisa demuestra que tanto la lucha obrera como la lucha feminista buscan complementarse una con la otra con el fin de transformar la realidad social y acabar con la doble opresión en el trabajo y en lo personal.

En cuanto a construcción de su estructura narrativa, la novela está narrada en tercera persona manteniendo una perspectiva empática a los pensamientos y emociones de Matilde. Esta voz narradora que acompaña a la protagonista se mueve como testigo con una visión femenina y comprometida con la lucha de las mujeres trabajadoras, que al igual que Matilde se encarga de denunciar, empatizar y visibilizar sus precariedades, dando como resultado una visión real de la clase obrera desde una perspectiva feminista. Esto nos deja como reflexión que la esperanza y la dignidad se pueden convertir en un acto político.

En este distanciamiento entre la voz narradora y la protagonista Luisa no solo universaliza y canaliza su experiencia, sino que logra un estilo narrativo moderno en el que usa un lenguaje directo y cercano con la intención de que su novela fuera leída por las mujeres trabajadoras y puedan identificarse fácilmente con los personajes y la historia, por lo que Matilde representa a todas las mujeres trabajadoras en plena lucha cotidiana y su inquebrantable resistencia frente un sistema que las explota, ya que mantiene una mirada crítica a todo lo que ocurre tanto en el ámbito laboral como personal. Si bien Matilde es el personaje central, Luisa opta por darles la misma importancia narrativa a los otros personajes femeninos, las colegas de trabajo de Matilde. De esta forma convierte su novela en una narración coral que retrata colectivamente la experiencia de la clase obrera femenina con problemas sistémicos, representando a diferentes arquetipos de las mujeres obreras de esa época. Según sus experiencias, estas mujeres trabajadoras encarnan de una manera distinta la realidad en la que viven.

Pero las condiciones de las mujeres trabajadores en España no quedan solo limitadas a lo anteriormente mencionado ya que se ahonda en otras problemáticas: sufren acoso y violencia misógina, son despedidas injustamente, acuden a que les practiquen abortos clandestinos. Adicionalmente, se plantea que en ese tiempo las mujeres que vivían en la precariedad tenían dos opciones: recurrir al matrimonio o al trabajo sexual. Este último era el único camino que les quedaba ante la imposibilidad de mantener su empleo que las obligaba a perder el sustento propio y de su familia, ya que no contaban con sindicatos ni legislación alguna que pudiera protegerlas.

La obra de Luisa incluye metáforas para mostrar la división interna significativa de las clases sociales, algo que incluso Matilde hace referencia en un punto de la historia. El salón de té al que describe como un lugar elegante; la sala principal o escaparate tiene colores luminosos y está impregnado con un agradable olor a repostería fina y muebles elegantes. Este refinamiento se yuxtapone con la cocina, que es el territorio de las trabajadoras, es una atmósfera oscura donde se vive a diario la explotación laboral y el sufrimiento. La sala principal y la cocina se encuentran divididos por una escalera interior o de servicio que usa el personal para moverse y permanecer invisibles ante los clientes, quienes usan la escalera principal o el ascensor, donde dominan la elegancia y delicadeza que funciona como una fachada a la dura realidad y explotación del sistema capitalista que les niega su condición de mujeres.

A pesar de que gran parte de la novela se desarrolla en el salón de té, Luisa entrelaza su historia entre otros dos espacios: los barrios pobres donde viven las trabajadoras y los espacios urbanos. Esto lo hace con la finalidad de profundizar dos miradas distintas: la de los opresores y los oprimidos, por lo que los problemas que viven a diario las mujeres no permanecen únicamente en el entorno laboral. En los barrios obreros, por ejemplo, se muestran como un espacio donde se origina la vulnerabilidad y precariedad, donde el hambre y las enfermedades se hacen presentes. Estas razones se vuelven desesperantes obligando a las mujeres a buscar empleo sin importar que tengan que soportar a diario la explotación y las injusticias ya que el sistema económico precario parte desde el hogar condenando a la clase obrera. El entorno urbano entonces se encarga de representar el espacio político donde se origina la conciencia colectiva, al ser un entorno público donde se ofrecen vías de solución como la solidaridad y la organización obrera que dará lugar a huelgas y protestas, sugiriendo la posibilidad de transformación.

A más de noventa años de la fecha de su publicación original, la obra revolucionaria Tea Rooms. Mujeres Obreras ha dejado de ser una joya olvidada de la literatura española con una temática que sigue preocupando y abriendo temas de conversación con respecto a los derechos de las mujeres, la lucha obrera y la desigualdad social mientras que Luisa Carnés pasó de ser una escritora relegada por la historia a formar parte del canon literario que escribió desde su experiencia de cómo era ser una mujer de clase trabajadora bajo el paisaje histórico y social madrileño de la Segunda República, obteniendo en la actualidad un reconocimiento más amplio y a medida que pasa el tiempo sigue siendo descubierta y recomendada por nuevos lectores. Además, la novela ha pasado a ser una lectura obligatoria en los temarios de lengua y literatura en las preparatorias y universidades. No obstante, esperemos que la obra periodística de Luisa también logre ser rescatada.


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