‘El Gran Arco’ (L’Inconnu de la Grande Arche) (2025) de Stéphane Demoustier: cuando nuestro arte deja de pertenecernos.

Stéphane Demoustier (La fille au bracelet, Allons enfants) regresa al cine con una cinta biográfica/dramática que nos muestra el desolador sentimiento que nace cuando nuestro arte deja de pertenecernos. Hay obras que representan el trabajo de nuestra vida, lo más grande que hemos creado, pero cuando este se ve contagiado por los intereses de terceros vamos perdiendo autoridad hasta que no reconocemos lo que está al frente.

L’inconnu de la Grande Arche retrata cómo surgió la construcción del Arco de La Défense, obra arquitectónica del gobierno del presidente francés François Mitterrand en los ochentas. La historia inicia con el concurso para seleccionar al arquitecto que daría vida a tan importante suceso, siendo este Otto von Spreckelsen, profesor de Copenhague y persona dentro del promedio que solo había construido algunas iglesias. Cuando es llevado a París para empezar con el trabajo se dará cuenta que tendrá que pelear con la burocracia de un país que no es el suyo, sistema que se inmiscuye en su arte hasta relegarlo por completo.

Claes Bang da vida a un Otto perfeccionista, algo terco pero pasional. Su personaje tenía una imagen muy clara de lo que quería construir en realidad, más allá de los aspectos técnicos, enfocándose en los pequeños detalles que harían la diferencia (por ejemplo, ir hasta Italia por el mármol adecuado). Su objetivo siempre fue claro: cumplir las órdenes de Mitterrand, interpretado por Michel Fau, pero también quería estar orgulloso de su trabajo, saber que lo que estaría en el distrito financiero de La Défense sería de él, gracias a él.

Sin embargo, su mayor obstáculo estaría representado por dos hombres cruciales: Jean-Louis Subilon (Xavier Dolan) y Paul Andreu (Swann Arlaud). No buscaron hacerle la vida imposible pero si eran la imagen de la burocracia, señalando el alto costo de materiales, recalcando permisos que necesitan, alzando la voz en decisiones importantes, incluso modificando el proyecto sin consultar. Es fácil soñar con crear pero siempre habrá una vocecita que nos traerá de vuelta al mundo terrenal (y por qué no, capitalista).

Lo que suma puntos a la película es el contraste entre personalidades tanto de los personajes como de los actores. Tenemos a un Otto rígido, casi robótico, pero totalmente enamorado de su idea y dispuesto a arriesgar todo para que se lleve a cabo como desea. Por otro lado, Dolan nos da a un Subilon enérgico y remilgado, una piedra en el zapato del arquitecto. Arlaud representa a un Andreu que se interpone a veces rozando lo autoritario, un ser completamente objetivo. Poco se habla de Sidse Babett Knudsen que interpreta Liv von Spreckelsen, esposa de Otto, quien siempre buscó el mayor beneficio del proyecto y se mantuvo firme hasta comenzó a ver las grietas que los separaban.

Otto fue el autor de un monumento que aspiraba a más de no haber sido por los conflictos políticos de la crisis financiera de los ochentas. Es triste saber que los artistas dedican parte de su vida a crear algo que los llena como persona y termina siendo cambiado, borrado, destruido. Nunca olvidaremos lo que pudo haber sido.

El filme de Demoustier estará disponible en salas de cine seleccionadas del 10 de septiembre al 14 de octubre como parte del tour de cine francés.


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