Cada temporada de premios deja fuera cintas y nombres que parecían inevitables. Este año no fue la excepción: actuaciones celebradas por la crítica, propuestas arriesgadas y títulos que marcaron conversación quedaron al margen de las nominaciones. En este especial, Kinema Books revisa a los omitidos del Oscar 2026, aquellas ausencias que abrieron conversación y recuerdan que, más allá de las estatuillas, el cine también se construye desde lo que la Academia decide no reconocer.

Sorry, Baby (2025) – Eva Victor
Una tesista de posgrado está preparando arduamente su documento bajo la tutoría de un asesor grupal tan encantador como inteligente, lo cual, inevitablemente, despierta la admiración de sus doctorandos. El profesor encuentra una particular brillantez en el trabajo de dicha tesista y se desvive en elogios hacia ella, por lo que la chica accede a una sesión de asesoría en la casa de su tutor y es ahí en donde una sencilla transición basada en el cambio de luz natural nos indica el paso del tiempo mientras ellos dos se encontraban dentro de la casa y que también representa el punto de quiebre en la vida de Agnes a raíz de un abuso sexual.
Sorry, Baby, ópera prima de la efectivamente brillante Eva Victor, autora franco-estadounidense de apenas 32 años que escribe, dirige y protagoniza la película, no hace un espectáculo de la miseria a-la-Michel Franco ni tampoco lo aborda con ligereza, sino que lo retrata de tal manera que nos permite observar la tragedia desde una perspectiva amable que apela a la empatía de los entornos más próximos, así como a la del espectador.
Victor hace alarde de un talento directoral prodigioso para entonar con un gusto exquisito un tema tan filoso como lo es el abuso sexual dentro de un humor negro finísimo para retratar la resiliencia y la valía de las redes de apoyo que pueden ser tan poderosas como selectas; no se necesitan hordas de gente alrededor sino tan sólo una excelente amiga interpretada perfectamente por una Naomi Ackie tan pícara como cálida y un par de oídos dispuestos a escuchar como los del vecino que interpreta Lucas Hedges. Esa entonación destaca precisamente en su dirección de actores y en cómo los orquesta dentro de esa dinámica de simpatía que nunca cae en la burla ni deja el dolor de lado mientras se trata de sanar.
La película es pequeña, modesta, las grandes campañas que promueven a sus caballos de carrera en las batallas por los premios ya no tuvieron recursos para apostar por ella más allá de un tremendo laurel aventado por Julia Roberts a su autora en plena ceremonia de los Golden Globes, pero que no le fue suficiente para aspirar a más. Sin embargo, su mejor panfleto publicitario fue el boca-en-boca que la colocó en un lugar cercano al cariño del público y que la llevó incluso más lejos de lo que Eva Victor pensó.

No Other Choice (2025) – Park Chan-wook (Mejor película internacional)
A finales de los años 90, el escritor norteamericano Donald E. Westlake presentaba la novela The Ax (1997), donde describía la angustia y desesperación de un hombre que es despedido de su trabajo y ante la imposibilidad de reincorporarse al sector laboral, decide tomar medidas extremas, asesinando a su competencia. El director de culto Chan-Wook Park, toma esta hipótesis y la adapta en No Other Choice (2025), llevando la acción a la Corea del Sur actual, donde la fortaleza de una familia se pondrá a prueba ante un sistema capitalista que parece devorarlo todo, las psiques de los protagonistas incluidas.
Lo que comienza como una intensa comedia negra, se va transformando paulatinamente en una espiral violenta que despliega egoísmo, frustración, instinto de supervivencia al extremo y el lado más oscuro de la condición humana. El cine de Chan-Wook Park es incómodo, grotesco, incluso en los momentos más divertidos, las risas que provoca son nerviosas porque lo que hay en cada filme es un espejo de la realidad absurda; la audiencia se descubre empatizando con personajes complejos que toman decisiones y al final, deben afrontar consecuencias que no siempre son agradables.
Yoo Man-su (Lee Byung-hun) y su hermosa esposa Mi-ri (Son Ye-jin) tienen una vida idílica y próspera hasta que el sistema corporativo los escupe a un desempleo que irá generando caos en aumento, hasta que la posibilidad de retorno sea nula. Con secuencias de un patetismo y humillación insoportables, No Other Choice es un recordatorio cruel de lo prescindibles que son los individuos ante las grandes corporaciones y los fuertes estragos emocionales que acarrea el desempleo, no solo en Corea del Sur, sino en todo el mundo.
Se trata además, de un elegante ejercicio estético acorazado por el director de fotografía Kim Woo-hyung, donde los poderosos encuadres y el dinamismo narrativo hilvanan un relato impredecible, rebosante de pesimismo, como la realidad lo exige. El engañoso desenlace, parece un happy ending donde todo salió según lo planeado, pero en realidad, es un cierre tétrico, con el ser humano siendo consumido por las máquinas y la degradación ambiental imparable, con una oscuridad maldita al fondo, en un ciclo infinito.
No Other Choice se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Venecia de 2025, donde fue candidata al León de oro; fue la película de apertura del Festival Internacional de Cine de Busan y se presentó también en los festivales de Nueva York y Toronto, por lo que resulta inexplicable su ausencia en la categoría de Mejor Película Internacional de los premios Oscar 2026.
Chan-Wook Park es uno de los cineastas más intensos del panorama cinematográfico actual, autor de joyas tan disímiles como I’m a Cyborg, But That’s OK (2006), Stoker (2013), Decision to Leave (2022) y esa obra maestra absoluta llamada Old Boy (2003). En su último trabajo, el surcoreano es coherente con el discurso pesimista sobre la naturaleza humana que baña su filmografía; en esta sátira desquiciada, el capitalismo atroz es capaz de transformar a los hombres en bestias, justo como en esta realidad que se atraviesa, lo que hace que el ejercicio se acerque arriesgadamente al documental.

Wake Up Dead Man (2025) – Rian Johnson
El ecléctico y siempre extravagante Benoit Blanc vuelve al cuidado de Rian Johnson en una nueva entrega; misma que, a pesar de ser ansiada por los fanáticos, pasa desapercibida (nuevamente) para los ojos críticos de la Academia. Una triste realidad, ya que la nueva historia no solo opaca a su antecesora y se coloca a la par de la original, sino que también pone una variable más sobre la mesa del crimen: la religión (pero sobre todo la fe) como el punto de partida del cual el protagonista nos contará su historia.
No son para menos todos los pros que resaltan: un elenco que brilla en conjunto y solitario, siendo la actuación de Josh O’Connor la más notoria al cargar no solo con la trama, sino con todo el eje emocional. Un diseño de producción que juega entre los espacios abiertos y boscosos, las casas de los devotos y la propia iglesia. Un guion que atrapa y atiende las necesidades del espectador, que sabe sofisticarse, pero también mantener enganchado. Un precioso y atinado diseño de vestuario, que grita la personalidad de cada uno de los personajes.
Steve Yedlin, el cinematógrafo de este filme, ofrece una visión bastante bella de la iluminación dentro de una iglesia; una transformación natural, casi de ojo humano, para cambiar de exterior a interior evocando la majestuosidad que la arquitectura gótica hace de manera inmediata en la realidad.
Si algo aprendemos año con año, es que la Academia gringa sirve como una guía de la tendencia de la industria, un enorme concurso de popularidad que nos gusta disfrutar con morbo, pero como cualquier institución, no pueden tener la verdad absoluta. En cuanto tengan la oportunidad, no puedo dejar de invitarlo a usted, lector de este espacio, a aventurarse a averiguar si, como Blanc, es capaz de encontrar la verdad en un mar de devoción y engaño, sin necesidad de que una estatuilla dorada le diga dónde mirar.

Frankenstein (2025) – Guillermo del Toro (Mejor Director)
Imaginemos que existe un buzón de quejas para los miembros de la Academia que eligen a los candidatos para los premios Oscar… ¿De qué se quejarían? Si bien «la Academia» ha perdido credibilidad —y estar nominado en alguna de sus categorías no garantiza el talento absoluto de los elegidos—, es innegable que les concede cierto prestigio y beneficios para su carrera.
Más que una queja, yo les cuestionaría: ¿por qué don Guillermo del Toro no fue nominado a Mejor Director? Ojo, esto no significa que quienes compiten en esa categoría no lo merezcan (bueno, estoy en desacuerdo con uno).
La pasión de Del Toro por Frankenstein comenzó a los 11 años en Guadalajara, tras leer la novela de Mary Shelley e identificarse profundamente con la criatura como un símbolo de inocencia rechazada. Tras 50 años de sueño, su adaptación (2025) transforma el clásico gótico en un drama sobre el abandono, la culpa y la búsqueda de compasión. La película, con una fuerte carga biográfica, explora la relación creador-criatura como un reflejo de los traumas familiares y la necesidad de perdón.
Con una narrativa profunda, la cinta no se enfocó en el terror tradicional, sino en una lectura humana sobre la soledad y la búsqueda de amor, redefiniendo la historia de la criatura con una sensibilidad única hacia lo «monstruoso». Bajo su mando, Frankenstein arrasó con nueve nominaciones, incluyendo Mejor Película y Guion Adaptado, lo que demuestra una dirección sólida y cohesiva. Logró un diseño de producción, fotografía y vestuario impecables —elementos que él supervisa minuciosamente—, reafirmando su capacidad técnica y estética.
Y, sobre todo, trató con sumo respeto la obra de Mary Shelley. Guillermo del Toro no tendrá el título de Mejor Director este 2026; lo que sí tiene es el cariño, la admiración y el respeto de su público.

Bugonia (2025) – Yorgos Lanthimos (Jesse Plemons, Mejor actor)
Si algo se destaca del cine de Yorgos Lanthimos es su surrealismo, no sabes qué esperar cuando te sientas a ver una película de este director griego. Bugonia no fue la excepción. La historia se centra en un par de jóvenes que secuestran a la directora ejecutiva de una farmacéutica, que creen que es parte de un grupo de alienígenas que exterminan a las abejas, y si la cosa no se puede poner más conspiranoica (y rara) hay que esperar hasta el final.
Todo da un giro extraordinariamente fantástico. Bugonia no solo destaca por su guion, su banda sonora o por ser una de las mejores películas de 2025; igualmente, resalta gracias al trabajo de sus actores principales: Emma Stone y Jesse Plemons. Reflejo de lo anterior son las diversas nominaciones que ha recibido, no solo la película en sí, sino también los actores por sus interpretaciones, por lo que cuando se conocieron las nominaciones a los Premios Óscar 2026, varios espectadores quedamos sorprendidos al notar que Plemons fue pasado por alto en la categoría de Mejor Actor.
La actuación de Jesse Plemons como Teddy, el apicultor conspirador, es fascinante. Puede incomodar, generar cierta repulsión y al mismo tiempo causar compasión, pero lo que más destaca de su papel en Bugonia es que no puedes dejar de verlo, porque es magnética la interpretación que hace del personaje. En el momento en que expone sus ideas transmite una elocuencia que raya entre la locura, el fanatismo y la sensatez. Es inevitable no interesarse en la forma en que trabaja la mente de Teddy y cómo esta moldea sus acciones, lo cual te hace analizar el poder de una idea cuya base parte de la cordura, pero que poco a poco empieza a retorcerse hasta el punto de secuestrar, torturar y electrocutar a alguien. No obstante, Plemons expone lo vulnerable que puede ser la mente humana, y cómo el sesgo de confirmación puede ser nuestro peor enemigo, al punto que el apicultor conspirador pasa de ser el secuestrador al manipulado en solo un par de minutos.
En 2025 hubo maravillosas actuaciones, y en definitiva una de las más relevantes fue la de Jesse Plemons, aunque no haya logrado ser nominado al Oscar como Mejor Actor, es seguro que eso no evitará que continúe dando vida a personajes tan particulares como Teddy en Bugonia.

Hamnet (2025) – Chloé Zhao (Paul Mescal, mejor actor)
Una de las grandes omisiones que pasarán a la historia en la entrega número 98 de los premios Óscar, es la actuación de Paul Mescal como William Shakespeare en Hamnet, dirigida por Chloé Zhao y basada en la novela de Maggie O’Farrell, que suma ocho nominaciones, destacando Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz.
Desde su estreno mundial en el Festival de Cine de Telluride en agosto de 2025, Hamnet recibió elogios tanto de la crítica especializada y como de los espectadores, quienes destacaron la gran dupla de Jessie Buckley y Paul Mescal, al mostrar personajes vulnerables y afligidos ante la pérdida de su pequeño hijo, Hamnet (Jacobi Jupe). Aunque esta no sería su primera nominación para el actor irlandés, ya que 2023 fue uno de los candidatos en la categoría a Mejor Actor, al interpretar a un padre de familia sumido en la depresión en el filme Aftersun
El actor irlandés, comenzó su carrera como actor de teatro, pero fue en 2020 cuando debutó en la miniserie Normal People, lo que lo consagró como el ganador a Mejor Actor de TV (2021). Mientras que su salto al séptimo arte llegó con La Hija Oscura (The Lost Daughter,2021), ópera prima de Maggie Gyllenhaal, donde compartió la pantalla grande con Olivia Colman, Dakota Johnson, Ed Harris y la mismísima Jessie Buckley. También destaca por su participación en las cintas Todos Somos Extraños (All of Us Strangers, 2023), Gladiador II (2024) y La Historia del Sonido (The History of Sound, 2025).
Ante un panorama cinematográfico cada vez más competitivo, Mescal se ha consolidado como uno de los actores más sensibles de su generación, al ser capaz de transmitir dolor y ternura con una sola una mirada, confirma que su talento trasciende nominaciones y premios. Más allá de su omisión en la próxima entrega de la Academia, su interpretación en Hamnet confirma que su presencia deja una huella en el cine contemporáneo.

One Battle After Another (2025) – Paul Thomas Anderson (Chase Infiniti, mejor actriz)
En la presente lista se encuentran algunas películas, realizadores y otros miembros del staff que han sido ignorados u obviados por la academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (Oscars) pero desde mi punto de vista ninguno fue más rotundamente obviado e ignorado que la actriz debutante en cine Chase Infiniti. La actriz protagonista de One battle after another ha representado un descubrimiento realmente interesante, tanto para los espectadores como para la industria, puesto que su trabajo en la cinta dirigida por Paul Thomas Anderson resulto ser destacable y profunda, demostrando estar a la altura de las circunstancias.
Infiniti había trabajado junto a Jake Gyllenhaal en la serie de televisión de AppleTv Presumed Innocent en donde ya destacaba por su destreza para manejar tonos, ritmos y formas distintas de acercarse a los personajes, demostrando habilidad para sostener los planos con nada más que la mirada, habilidad que Anderson explota al máximo en OBAA, en donde interpreta a Willa Ferguson la hija de un ex revolucionario que se tiene que enfrentar al momento decisivo de su vida mientras descubre quien es y de donde es que viene.
Chase Infiniti es una sorpresa para muchos y es aún mayor la sorpresa para otros tantos el saber que no ha sido considerada en estas nominaciones teniendo varias nominaciones en otras premiaciones importantes bajo el brazo, como los Golden globes o los critics. Su futuro luce brillante y ya anunciada como la protagonista de los testamentos, serie secuela del cuento de la criada para FX, parece ser que su no nominación a los Oscars no manchara un legado en construcción que se antoja implacable. Infiniti es una actriz a la que hay que seguirle la pista y que definitivamente (si se la sabe llevar bien por la industria) conseguirá trabajar con los grandes sin abochornarse siquiera, una verdadera estrella está naciendo.

Die My Love (2025) – Lynne Ramsay (Jennifer Lawrence, mejor actriz)
Suele ocurrir que las interpretaciones en películas de época, dramas intensos o musicales captan más la atención de los votantes. Aunque este tipo de trabajos son admirables, existe un denominador común en la categoría de Mejor Actriz: mientras el histrionismo masculino es ampliamente reconocido cuando se interpretan papeles de carácter «demencial», a las mujeres no siempre se les valora igual cuando exploran esa misma intensidad.
Lo ocurrido con Jennifer Lawrence en su reciente cinta Die, My Love (Mátate, amor, 2025) es una prueba clara de ello. A pesar de haber ganado el premio a la Mejor Actriz en el pasado Festival Internacional de Cine de San Sebastián y haber obtenido la nominación como Mejor Actriz Protagonista en los Golden Globe Awards, su ausencia en otros premios importantes resulta inexplicable.
La actuación de Lawrence es excepcional. Logra sumergir al espectador en su propia vorágine de locura, provocada por el sentimiento de abandono y la depresión posparto; una reinterpretación cruda de lo que muchas mujeres, al igual que su personaje Grace, sufren día a día. Es una interpretación que no queda a deber: evitó caer en la exageración innecesaria en una situación tan humana, y precisamente esa contención es lo que le otorga credibilidad.
Su trabajo es aún más admirable considerando que Lawrence tenía cuatro meses y medio de embarazo al iniciar el rodaje. Ese estado físico y emocional seguramente contribuyó a expresar ese cúmulo de sentimientos que transitan de la ira a la felicidad en instantes, mostrando los instintos más naturales —casi animales— del ser humano.
Esta obra nos invita a la reflexión sobre el peso de la maternidad en nuestra sociedad, capaz de convertir a una mujer en una «supermadre» o, por el contrario, dejarla en la posición más vulnerable.
Ay, Academia… me dueles. Como mínimo, Jennifer sí merecía la nominación.
Los invito a leer mi columna dedicada enteramente a la película.
¡Mucho cine para todos!

Belén (2025) – Dolores Fonzi (Mejor película internacional)
La polifacética Dolores Fonzi —actriz, directora y guionista — se ha consolidado en los últimos años por una dirección profundamente afianzada en su entorno argentino. En su más reciente trabajo tras la cámara, ha rescatado una narrativa de gran potencia que trasciende fronteras, un relato cuya resonancia es global, especialmente en un presente agitado donde la vulneración de los derechos de las mujeres exige una mirada urgente y comprometida.
En Belén, Dolores Fonzi reconstruye un desgarrador caso real ocurrido hace más de una década en Tucumán: la historia de una joven sentenciada injustamente tras sufrir un aborto espontáneo. La cinta expone un proceso judicial plagado de anomalías que privó a la protagonista de su libertad durante años, hasta que la persistente lucha de Soledad Deza, abogada y fundadora de la Fundación Mujeres x Mujeres, logró su absolución.
El filme narra el tortuoso camino hacia la libertad liderado por la abogada Soledad Deza, interpretada por la propia Fonzi. Más que un drama legal, la cinta es un retrato mordaz de las fallas del sistema, resaltando cómo la corrupción y las creencias individuales pueden corromper la justicia y vulnerar los derechos humanos fundamentales. Fonzi, con un ritmo narrativo impecable, nos conduce paso a paso a través de personajes que reflejan fielmente la realidad. Esta veracidad se apoya en un trabajo de vestuario y maquillaje sumamente auténtico, junto a un diseño de producción que recrea con precisión una atmósfera tan cruda como necesaria.
Pese a ser incluida en la shortlist de los Oscar como Mejor Película Internacional, la cinta no pudo entrar al grupo de las cinco nominadas. Este año, el cine fuera de Hollywood fue —como ya es costumbre— asombroso. Películas como Sentimental Value o El agente secreto contaron con mucho más alcance y distribución.
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