‘Huesera’: el terror de la psicosis posparto.

Texto originalmente publicado en octubre del 2022 tras su estreno en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

En un país como México, tan lleno de leyendas, mitos y fantasías, folklore oscuro y luminoso, desgraciadamente el terror es uno de los géneros cinematográficos menos apreciados por parte de los histriones y realizadores que parecen considerarlo indigno de su talento, desaprovechando así la enorme y sustanciosa materia prima que nos ha sido regalada casi naturalmente desde hace siglos en cuestión narrativa. Por lo mismo, cuando se realiza es común encontrar interpretaciones mediocres y poco creíbles que únicamente exudan el compromiso de mala gana por haber firmado un contrato y justamente de ahí parte el valor de Huesera, la cual es todo lo contrario a lo anterior y deja ver el amor y respeto al género por parte de todos los involucrados.

En un año que ha sido gratamente dominado por el cine de terror a nivel internacional, quizás como un desfogue natural y necesario después de dos años de incertidumbre, México no podía quedarse atrás y la directora Michelle Garza Cervera saca la casta presentándonos su ópera primera titulada Huesera, una película de terror psicológico centrada en la maternidad y la psicosis posparto que se acrecienta gracias a la veneración y exigencia que conlleva el ser madre.

En ella conocemos a Valeria (Natalia Solián) quien lleva una vida sencilla y tranquila, en apariencia ideal, con su adorable esposo Raúl (Alfonso Dosal), un músico devoto a su familia y con el claro anhelo de ser padre. Con ellos también conocemos a sus pesadas familias y, principalmente, el pasado muy probablemente condenado de Valeria. Tras lo que parece ser bastante tiempo intentando, Valeria logra quedar embarazada detonando el conflicto principal al no tener que cargar solamente con un bebé en el vientre, sino también con las expectativas ajenas que la hacen padecer el proceso de embarazo y mostrar una conducta extraña después del parto. A esto se añade un tenebroso ente que comienza a perseguirla, por lo que Valeria recurre a la brujería para rescatar a su bebé de una fuerza maligna que inexplicablemente comienza a emerger de ella misma.

La película comienza con una imagen gigantesca, imponente casi terrorífica, de la llamada ‘‘madre de todos los mexicanos’’ ante una peregrinación de diminutos mortales acudiendo a ella en espera de un milagro. Este es el más grande de los simbolismos sobre la clara importancia de la figura materna en nuestra sociedad estableciendo que, aunque sí llega a ser una ilusión por parte de Valeria, es mayor la ansiosa exigencia de los demás por que se convierta en madre llegando a tornarse más en un deber casi divino con todos los sacrificios que eso implica, entre ellos, su represión como mujer.

Huesera fácilmente compartiría árbol genealógico con Rosemary’s Baby (1968) de Roman Polanski, Hereditary (2018) de Ari Aster, pero sobre todo con First Born (2007) de Isaac Webb, la cual también presenta a una madre desbordada en ansiedades ante el nacimiento de su primer hijo. Asimismo y como parte de una de sus grandes virtudes, podría haber sido parida por aquel cine de terror mexicano de los años 70 y 80 como el dirigido por Arturo Ripstein o el mismo Carlos Enrique Taboada, cuyas tramas recaían en la sencillez de los entornos pertenecientes a las familias de clase media en la Ciudad de México, generando cercanía con el espectador haciéndole pensar que esto le podría pasar a él y detonar así el terror a lo desconocido trastocando su tranquila cotidianeidad; sin embargo, encasillarla en comparaciones con las obras que la anteceden sería injusto para esta película que sin problema alguno se sostiene por sí misma gracias al compromiso con el que su equipo evidentemente la abordó.

Dentro de su urbanismo, la película también cuenta con ligeros vistazos a lo que podría considerarse el folk-horror mexicano al incluir temáticas ritualistas relacionadas con las limpias y pasajes de lo que algunos llegan a llamar ‘‘brujería’’ como una creencia popular tremendamente arraigada en las entrañas de cualquier mercado en cualquier ciudad.

El trabajo de todos los actores, claramente de la mano de una certera dirección, es preciso, notando que respetaron tanto al género como a su propia labor al tomar su papel con la seriedad merecida, pero es la protagonista Natalia Solián quien destaca de manera brillante con una interpretación dignamente engendrada por Mia Farrow al entregarse por completo a su personaje, logrando contagiar de forma eficaz la angustia y desesperación por las que pasa su Valeria en un trabajo completamente verosímil.

De igual forma, la inquietante ambientación de Huesera es construida por un diseño sonoro estrujante que le da vida al título de la película, creando una atmósfera desesperante basada en situaciones cotidianas y sin abusar de los efectos visuales. Y hablando de esto, me es imposible no destacar la implementación de un enervante trabajo coreográfico cuidadísimo que está a la altura de cualquiera de las mejores producciones del J-Horror (horror japonés), lo cual luce tremendamente en una escena protagonizada por un aquelarre urbano.

Huesera le ha dado ya la vuelta al mundo con gran éxito, obteniendo el Premio Nora Ephron y el Premio a Mejor Director de Nuevas Narrativas en el Festival de Cine de Tribeca, y el Premio a Mejor Director Revelación y el Premio a Mejor Película Iberoamericana en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, por lo que con enorme gusto fue anunciado por parte del equipo de la película en su ovacionada presentación en el XX Festival Internacional de Cine de Morelia, en donde ganó el Premio del Público a Largometraje Mexicano de Ficción, que la película obtendrá una distribución por parte de Cinépolis el próximo febrero, alzándose así como una gran representación mexicana tanto a nivel artístico como sociocultural.

¡POR MÁS CINE DE TERROR Y HORROR EN EL FICM!


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