#FICM2026: ‘Chicas Tristes’, de Fernanda Tovar, un homenaje a las redes de apoyo.

Por Anahí Vargas Carbajal.

Todos hemos recibido un golpe físico fuerte, accidental o intencional. Una caída de sentón o en el dedo chiquito del pie contra un mueble, de esos que a primera instancia solo se sienten, pero entre el susto y la adrenalina, no duelen; es a medida que pasan los segundos, cuando el golpe se enfría, que el dolor comienza a aparecer con una intensidad creciente que, incluso, nos inmoviliza entre el shock y el sufrimiento.

Formada empíricamente entre las funciones y las fiestas del Festival Internacional de Cine de Morelia y deslumbrada por la presencia de Pawel Pawlikowski cuando era una estudiante de cine que presentaba sus primeros cortometrajes en esas instancias, Fernanda Tovar regresa al festival que la ha visto crecer para, por fin, ‘‘jugar de local’’ y presentar su primer largometraje titulado Chicas Tristes, una historia sobre dos adolescentes que hacen de la amistad un búnker para protegerse de los golpes que da la vida.

Paula (Darana Álvarez) y la Maestra (Rocío Guzmán) son dos nadadoras juveniles destacadas que están próximas a competir en Brasil. Además de sus objetivos deportivos, ambas viven inmersas en la efervescencia de la adolescencia: chicos, fiestas, redes sociales, amistad y las primeras veces. Envueltas en ese contexto —perfectamente establecido por Tovar y por el diseño de arte coordinado por Edson Gastélum—, un suceso detona el conflicto tanto en lo individual como en lo colectivo: una de ellas es abusada sexualmente en una fiesta. Juntas deciden sobrellevar la situación hasta que se ven rebasadas por sus consecuencias y tienen que decidir entre hablar sobre lo que pasó o guardar silencio.

Fernanda Tovar, en guion y dirección, es sumamente cuidadosa en el abordaje del abuso sexual; nunca hace del mismo un espectáculo grotesco ni ruin en aras de ser confrontativa; con Chicas Tristes, Tovar establece un tacto gentil con el que también se puede afrontar y contrarrestar la dureza de estas historias desde la ficción sin restarles contundencia. De igual forma, mientras la realizadora se enfoca en los respiros de aire fresco ante el trauma, tampoco busca el preciosismo en las diversas aristas que le dan forma a Chicas Tristes, sino que mantiene la poética de la amistad y las redes de apoyo bien aterrizada en los patios de los multifamiliares de Coapa para mostrarlos como el refugio y la fuerza que nos mantiene de pie. Ambos polos del abordaje, lo oscuro y lo luminoso, se logran en gran medida gracias a una cámara elegante por parte de Rosa Hadit Hernández, quien es sutil cuando solo tiene que sugerir situaciones, pero también profundiza en la belleza de las ensoñaciones de dos chicas que están trabajando por alcanzar sus metas.

Una de las mayores virtudes de Fernanda Tovar, de inicio, es dotar a su película del carisma lúdico del adolescente el cual encontró a dos vehículos óptimos en Darana Álvarez y Rocío Guzmán, dos actrices permeadas por esa naturalidad que brinda la relativa inexperiencia. Tanto en Álvarez como en Guzmán se nota el hambre por hacer un buen trabajo y por acompañar con verosimilitud a sus personajes, en sus goces y en sus dolencias. En Darana hay una sensibilidad frágil y melancólica mientras que en Rocío hay una sensibilidad fuerte y aguerrida que se complementan en favor de lo que sus personajes requieren. Asimismo, es importante destacar la habilidad de Tovar para saber conducirlas con la libertad necesaria para convencernos de que son dos mejores amigas asimilando un duro golpe a medida que este se enfría.

Con una premisa como esta, resultaría fácil caer en la trampa de un tratamiento mórbido que antagoniza a ciertos personajes; no obstante, el guion de Tovar esquiva la polarización y procura a sus figuras masculinas también como emblemas de cuidado por medio del padre de Paula (Raúl Villegas) y el hermano de la Maestra (Tomás García-Agraz) en contraparte del agresor.

Además de destacar a una directora como Fernanda Tovar y a dos noveles actrices como Darana Álvarez y Rocío Guzmán, Chicas Tristes también cuenta con la producción asociada de Paloma Petra, actriz regiomontana que no solo se ha hecho notar por sus diversos trabajos frente a cámara en películas como El norte sobre el vacío (2022, Alejandra Márquez Abella) o Vainilla (2025, Mayra Hermosillo), sino que también pone su nombre sobre la mesa en términos de producción cinematográfica a través de Huasteca Casa Cinematográfica y que ya ha participado como productora en títulos como La paloma y el lobo (2019), los cortometrajes 24 ° 51’ Latitud Norte (2015) y El sueño más largo de recuerdo (2021), los tres proyectos bajo la dirección de Carlos Lenin, así como la misma Vainilla. Un tema que a los involucrados en la conversación cinematográfica tendría que concernir ante esta ola de actrices mexicanas que se afirman, cada vez más, como las directoras y productoras de sus propias historias.

Chicas Tristes es simpática y es empática. Darana Álvarez y Rocío Guzmán podrían apuntalarse como realidades actorales en el país. Fernanda Tovar llega a marcar diferencia entre los realizadores mexicanos con una historia que nos hace creer que el amor siempre prevalece. O así podría ser. Tras su paso por diversos festivales del mundo, el Oso de Cristal y Gran Premio del Jurado Internacional al Mejor Largometraje en la sección Generation 14plus del Festival Internacional de Cine de Berlín, la película está próxima a llegar a carteleras mexicanas como una de las mejores propuestas nacionales del año.


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