Por Lily Droeven.
La directora Jane Campion se ha destacado por construir personajes femeninos contando sus historias desde el punto de vista de sus protagonistas bajo una experiencia subjetiva para examinar sus inquietudes, ideales y confrontaciones mientras trazan su camino hacia la madurez en el que rompen con las expectativas y las normas sociales que les son impuestas, por lo que al tratar estas temáticas, las obras de Campion han dejado huella en las audiencias femeninas contemporáneas, logrando al mismo tiempo abrir nuevos caminos a nuevas generaciones de mujeres cineastas venciendo los cánones impuestos por una industria dominada por los hombres. En 1993 se convirtió en la primera mujer en ganar la Palme d’Or en el Festival de Cannes con la cinta The Piano, su trabajo más recordado y considerada pieza fundamental de su filmografía.
En An Angel at my Table (1990) -su segundo largometraje tras haber estrenado un año antes su opera prima Sweetie (1989)- Campion adapta las memorias de la distinguida escritora neozelandesa Janet Frame basándose en sus tres obras autobiográficas: To the Is-Land (1982), An Angel at My Table (1984) y The Envoy from Mirror City (1984). El guion de la cinta fue escrito por Laura Jones y la narrativa se divide en tres partes que cuentan la niñez, la adolescencia y la vida adulta de Janet como escritora.

Cada parte estaba basada en los tres volúmenes autobiográficos de Frame. Las actrices Alexia Keogh, Karen Fergusson y Kerry Fox fueron las que interpretaron a Janet durante cada etapa de su vida. Si bien las tres hicieron un trabajo maravilloso, la más destacada fue la memorable interpretación de Kerry Fox en la juventud y adultez de Janet en la que aportaba profundidad y complejidad a su personaje de una manera natural pero muy convincente, siendo este su debut como actriz. En un principio la cinta estaba originalmente pensada para estrenarse como miniserie de televisión, pero logró ser distribuida a las salas de cine y ese mismo año se estrenó en el Festival de Cine de Venecia convirtiéndose en la primera película de Nueva Zelanda en ser proyectada en dicho festival en el que recibió múltiples ovaciones de pie y fue galardonada con el Gran Premio Especial del Jurado.
La historia inicia durante la niñez de Janet nacida en una familia empobrecida y numerosa que vivían en una zona rural de Nueva Zelanda. La soledad siempre estuvo presente en la vida de Janet y su infancia estuvo marcada por la tragedia, experiencias de las que lograba sobreponerse para salir adelante. De niña Janet era muy inteligente, observadora, apreciaba y amaba la naturaleza y el arte, sentía un rechazo hacía la autocompasión y el sentimentalismo, se valoraba así misma, reconocía sus errores y su mayor sueño era ser maestra, pero sus aspiraciones literarias como escritora la convirtieron en una chica solitaria.

Durante su carrera universitaria un mal diagnóstico de esquizofrenia hizo que Janet fuera encerrada en una institución mental en la que recibió más de 200 terapias de electrochoques. Desde su encierro, Janet sentía que había dejado de ser dueña de sí misma y tenía que someterse a la jerarquía de los doctores y enfermeras del hospital, siendo invadida por el miedo y la tristeza debido a las constantes torturas, por lo que buscaba refugio en la escritura. Su enorme talento literario llevó a los doctores a cuestionarse si Janet pertenecía a un hospital psiquiátrico y fue dada de alta justo a tiempo, cuando había sido preseleccionada para una lobotomía cerebral que se canceló cuando Frame recibió un premio literario. Janet había logrado liberarse así misma a través de sus obras literarias, que al mismo tiempo le sirvieron como su salvación; había pasado de ser una mujer aislada que vivía con el constante miedo a ser maltratada y torturada con electrochoques a convertirse en una de las escritoras más importantes de Nueva Zelanda.
Si bien la narrativa documenta la vida de Janet desde su infancia hasta la vida adulta, Campion logra destacar de una manera impecable sus experiencias y resistencias desde una mirada subjetiva, en el que su protagonista va en la búsqueda de su vocación mientras la narrativa nos permite reflexionar y vivir sus emociones para hacernos parte de su historia, por lo que la cinta se aleja del representativo concepto de biopic.
Pero la conexión no es sólo con el espectador, Campion también se identifica con Janet a través de las experiencias de su niñez. Cuando estudiaba en la escuela de cine leyó el primer volumen de la autobiografía de Janet To the Is-Land y tras enterarse que había sido encerrada en un hospital mental durante ocho años a pesar de su talento literario, Campion no dudó en adaptar las memorias de Janet bajo una propuesta audiovisual tan intima como personal apostando por una precisión del montaje cronológico dando como resultado una pieza de ficción emotiva y sutil, por lo que Campion consigue envolvernos con su ficción.
Otra temática que se desprende tanto de las obras autobiográficas de Frame como de la narrativa de Campion es que ambas se encargan de cuestionar los diagnósticos erróneos y la manera en que se trataba la salud mental femenina en los años 40s y 50s, lo que me hace pensar la cantidad de mujeres que fueron mal diagnosticadas y tuvieron que pasar por la misma situación que la de Janet al ser encerradas en institutos psiquiátricos, pero con la diferencia de que jamás pudieron ver su libertad debido a los tabús, desinformación y falta de tratamientos adecuados en la salud mental femenina.

El lenguaje visual que maneja la directora es visualmente impresionante y que junto con la dirección de fotografía a cargo de Stuart Dryburgh enmarcan la belleza de los paisajes rurales neozelandeses, pero sin dejar a un lado a su protagonista, de hecho, la magistral composición y visión de Campion le permiten jugar con los movimientos de cámara, manteniendo a Janet en el centro de cada encuadre dando un efecto intimista que pareciera que estamos presenciando su vida
Para Jane Campion el cine siempre será una poderosa herramienta para contar e inmortalizar historias. La importancia de la construcción de sus personajes femeninos y su narrativa genuinamente humana permite que nos sintamos identificadas al reflejarnos en sus vivencias y en sus secretos más profundos, aunque a veces se traten de temáticas difíciles de abordar o sean dolorosas con heridas del pasado que haya que sanar y cómo sobrellevarlo, cualquier desafío narrativo que la directora nos presente lo hará de una manera honesta e intensa, siguiendo su propia visión cinematográfica.
Lily Droeven es escritora profesional de reseñas y ensayos de cine. Su trayectoria empieza en abril de 2021, cuando empezó escribiendo de manera profesional para el female film journal Girls at Films y también ha realizado entrevistas a mujeres que laboran en distintos espacios de cine desde actrices, productoras hasta directoras. En mayo de 2023 salió su primera publicación en la revista Letras Libres como escritora ocasional en la sección de cine Letrillas. Su amor por el cine es profundamente personal. Le gusta mucho ver películas clásicas y contemporáneas internacionales porque disfruta conocer la historia del cine de otros países y sus culturas a través de su narrativa. Trabaja como diseñadora editorial. Nació en 1987 y vive en Mérida Yucatán. Puedes leer sus textos y seguirla aquí.
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