En México se sabe que para hablar de amor hay que cantar, o eso es lo que afirma Guillermo del Toro ante el mundo sobre la relación del amor con la música en el aspecto narrativo. De forma práctica, ese podría ser el fundamento para entender lo que es el melodrama: la obra dramática que apela exacerbadamente a los sentimientos o a las emociones humanas y que es parte del ADN del mexicano, nos guste o no.
Dentro del audiovisual nacional, el melodrama encontró el hogar ideal en la telenovela, ese formato tan marginado actualmente gracias a años de desvalorización por parte de sus principales realizadores —al menos una considerable mayoría— por no procurar los estándares de calidad que alguna vez construyeron sus propias épocas de oro. La telenovela ha fungido como refugio para decenas de actores a los que el cine ya no les permitía expresarse como querían y también como catapulta para varios talentos que hoy en día se mueven en las más altas esferas de la cinematografía internacional.
Figuras como Ernesto Alonso dignificaron al formato que albergó a nombres de la talla de Silvia Pinal, Katy Jurado, Marga López, Julio Alemán, Sylvia Derbez, Rita Macedo e incluso, de manera breve, muy breve, a María Félix. Años después, la televisión recibiría a directores como Alfredo Gurrola, Francisco Franco, Benjamín Cann, Ernesto Contreras, Arturo Ripstein y Jorge Fons mientras la telenovela iba tomando la forma de Héctor Bonilla, Jacqueline Andere, Claudio Brook, Carmen Montejo, Germán Robles, Ana Martin, Fernando Luján, Ana Luisa Peluffo, Rafael Inclán, Ofelia Medina, Andrés García, Helena Rojo, Enrique Rocha, Isela Vega, Gonzalo Vega, María Rojo, Pedro Armendáriz Jr., Delia Casanova, Enrique Álvarez Félix, Lucía Méndez, Diana Bracho, Daniel Giménez Cacho, Arcelia Ramírez, Juan Manuel Bernal, Claudia Ramírez, Demián Bichir, Salma Hayek, y entre muchos otros nombres, también vio nacer a aquellos rostros que tomarían camino rumbo a la pantalla grande, como los de Ludwika Paleta, Diego Luna o Gael García Bernal.
Es precisamente Gael quien, en su tercer largometraje sentado en la silla del director, coprotagoniza su próxima película, Hombre al Agua, junto a una actriz que tampoco desconoce la ruta melodramática de la televisión al cine. Un nombre que se ha atrevido a derrocar estigmas tanto de imagen como de origen; que ha tenido la bendita insolencia de romper las reglas e ir en camino contrario al dictado por otros; que más que aventurarse por el llamado American Dream quiso ir a la conquista de la Vieja Tierra. Con su corazón puesto en el teatro, la huella de su rostro en la televisión y su prometedora presencia actualmente en el cine, la protagonista de este recorrido repleto de osadía es Esmeralda Pimentel.
El color Esmeralda.
Nacida en El Bronx de Nueva York un 8 de septiembre de 1989, hija de padre dominicano y madre mexicana, María Esmeralda Pimentel Murguía no es ajena a la diversidad por mera genética. El estruendo de su risa y su amor por la salsa son el eco de su padre —originario de La Vega en República Dominicana— mientras que la fortaleza necesaria para establecer los límites que la han llevado a construir su camino con firmeza y de donde aprendió a darle el «NO» a los demás para darse el «SÍ» a sí misma, puede rastrearse hasta su madre. Una cualidad que incluso sus colegas reconocen y celebran hoy en día al verla desfilar por los Festivales Internacionales de Cine de Venecia o de Toronto.

Foto: Instagram @esmepimentel
Esmeralda tampoco teme a ser parte de la diferencia, por el contrario, la encumbra y la dota de su belleza. La que alguna vez fue llamada la ‘‘niña problema’’ por ser una aguda observadora de su entorno sin miedo a cuestionar a los adultos creció en Ciudad Guzmán, Jalisco, en el núcleo de una familia llevada solo por su madre y sus cuatro hermanos tras el fallecimiento de su padre, agregando así otra ramificación a ese origen multicultural que alimentó su capacidad de expansión a futuro.
El color de la belleza.
El arte siempre fue una inquietud en Esmeralda; desde su ferviente amor por la danza y la música a través de los ritmos hawaianos, el flamenco y el jazz hasta su pasión por capturar rostros por medio del dibujo, ese gusto estuvo a punto de traducirse al diseño de interiores a nivel profesional; sin embargo, el futuro le tenía destinado otro camino que su mejor amigo le ayudó a descubrir y al cual llegaría desfilando por las pasarelas del modelaje.
En el 2007, la chica introvertida y penosa de 18 años tuvo que cambiar su estilo desenfadado y ‘‘masculino’’ por los tacones y vestidos de noche para representar a Zapotlán el Grande en Nuestra Belleza Jalisco, certamen en el que terminó como finalista y que le garantizó el boleto a Nuestra Belleza México ese mismo año, en donde se hizo acreedora del tercer lugar a nivel nacional.

Foto: Infobae
La preparación para el concurso de belleza la llevó hasta el Centro de Educación Artística de Televisa, el CEA, en donde se topó con una clase de actuación impartida por Antonio Peñuñuri y fue ahí, espiando de incógnita en esa clase, en donde encontró no solo su lugar en el mundo, sino la libertad que siempre había buscado. La necesidad que Esmeralda sentía por expresar esa revolución artística que efervecía en su interior y que encontraba pequeños escaparates por medio del dibujo, el baile o el diseño de interiores, por fin encontró su detonante en la actuación.
En 2008, tras su paso por las pasarelas y con la determinación que parece ser su motor principal, Esmeralda se le plantó de frente a Eugenio Cobo, reconocido actor y director del CEA, y le pidió una beca para poder estudiar en la escuela de actuación de Televisa. Esmeralda no tenía el dinero para costear los estudios ni una vida en la Ciudad de México, pero tenía las agallas para dejar como garantía el convertirse en la mejor alumna de su generación si se le daba la oportunidad. Y así fue.
Rápidamente comenzó a llamar la atención de productores de telenovelas y tan solo un año después, en 2009, en el ocaso de las telenovelas juveniles, Pedro Damián le dio su primera oportunidad en la telenovela Verano de Amor, protagonizada por Dulce María y Gonzalo García Vivanco, en donde interpretó a Adalberta, un personaje pequeño, pero que sirvió de inicio para que su nombre comenzara a ser el de una actriz.

Foto: TelevisaUnivisión
La televisión se convertiría en su nido momentáneo gracias a fugaces participaciones en series y unitarios mientras continuaba con sus estudios actorales, y fue precisamente el interpretar a Madame de Sade en un montaje escolar lo que la llevó a encontrar el tipo de actriz que ella quería ser. El estilo de lo que sería su carrera comenzaba a tomar forma: Esmeralda es una actriz que, desde sus inicios, esquiva el estancarse en formatos o escenarios. Parece ser una criatura rejega a adecuarse a una sola forma de hacer las cosas, como si fuera un paralelo de su naturaleza pluricultural, por lo que ha sabido equilibrar simultáneamente la televisión con el teatro y, también, el cine.
En el 2012 llegó la primera de varias rachas gracias al montaje teatral Palomita Pop —ganadora del Festival Internacional de Teatro Universitario de la UNAM—, su debut en la pantalla grande con la película Viaje de Generación bajo la dirección de Alejandro Gamboa y un par de papeles que la pondrían bajo la lupa de los productores como el perfil ideal para interpretar personajes con la complejidad de la que los nutren las villanas. En Abismo de Pasión, Cachito de Cielo y De Que Te Quiero, Te Quiero, quedaba en evidencia que Esmeralda se estaba convirtiendo en un nombre confiable para los jerarcas de la televisora más importante del país tanto por la relevancia que sus personajes iban tomando en sus respectivas historias como por los retos impuestos a Pimentel: los personajes antagónicos, esos que, con facilidad, se roban los protagónicos gracias al carisma que deben de tener y al peso que su presencia debe implantar en escena.
El porte de Esmeralda no era una ilusión hueca, había fuerza y había carácter en ella que la hacían resaltar por encima de lo que los personajes le ofrecían, por lo que la notoriedad fue creciendo cada vez más entre los productores y el público hasta que, inevitablemente, su nombre tuvo que pasar hasta al frente de los repartos.
El color de una heroína.
Su gran oportunidad en televisión llegó de la mano de un sueño cumplido: trabajar bajo la tutela de Francisco Franco, un director que habla el mismo idioma que ella en lo que a diversificación de escenarios refiere, y quien junto a Roberto Gómez Fernández en producción le otorgó su primer protagónico en la telenovela El Color de la Pasión del 2014.
Esmeralda sería la heroína recia con impulsos detectivescos de nombre Lucía Gaxiola en un melodrama clásico con tintes de thriller criminal basado en la fórmula del «¿quién lo mató?» al lado de Erick Elías, pero la encomienda no era cualquier cosa, los nombres que Esmeralda se tendría que echar a cuestas como una líder no eran cualquier cosa. Por un lado se enfrentaría a Claudia Ramírez, Helena Rojo, Ximena Romo y Montserrat Marañón como sus torres de la maldad; por otra parte, como alfiles de su bondad, contaría con nombres como Patricia Reyes Spíndola, Arcelia Ramírez y Angelina Peláez; es decir, Esmeralda tendría que fungir como el eje de una cuadrilla compuesta por figuras de auténtico peso en la escena cinematográfica nacional.

Foto: TelevisaUnivisión
Ponerse a la par y aguantarles la mirada a esos nombres no es cosa fácil, pero lo que bien pudo convertirse en una jauría de ego ante una novel protagonista resultó en un evidente trabajo en equipo por parte de verdaderos profesionales interesados en que su cabeza de reparto luzca y eso sucedió con el cobijo actoral que respaldó a Esmeralda, quien aprovechó el impulso, cumplió el reto con la cabeza en alto y se afianzó como lo que ya era: una actriz. Mientras Lucía tenía que ser el faro para su elenco dentro de la ficción, quizás ese equipo, en conjunto con la dirección de Francisco Franco, lo fue para guiar el camino de Esmeralda hacia otros territorios, como el cine.
Lucía fue un personaje que por fin le dio a Esmeralda la oportunidad de mostrar sus herramientas ante el público de forma masiva —el primer personaje que de verdad se lo permitió, quizás—, confirmar de qué estaba hecha, hacer alarde de su entereza en escena ante titanes y reafirmar aquella promesa que le hizo a Eugenio Cobo en su momento.
De ahí en adelante continuaron los protagónicos en proyectos como La Vecina (2015), en donde tuvo que apelar a la comedia simplona y que, vista en retroceso, fue el claro indicio de que al ave viajera no se le puede enjaular por mucho tiempo. La potencia de Esmeralda pedía ir más allá de las heroínas románticas envueltas en un velo de santidad, por lo que después de su regreso a las tablas como Elizabeth Short, mejor conocida como La Dalia Negra (2016), y otro freno de mano titulado Enamorándome de Ramón (2017), por fin llegaría otro de esos personajes que se prestan para catalizar todas sus capacidades.
Bajo la producción de W Studios y Lemon Studios, era momento de apuntalar las habilidades histriónicas hacia el trabajo físico a través de un arduo entrenamiento en box, defensa personal y artes marciales mixtas para interpretar a Isabela León en La Bella y las Bestias del 2018, otro drama criminal en el que Esmeralda se pone en los zapatos de un personaje montecristesco ávida por vengar el nombre de su familia.

Foto: IMDb
Isabela es una adolescente promesa de las artes marciales que se ve forzada a presenciar el asesinato de sus padres a manos de unos sicarios manejados por un viejo enemigo de su papá, quien era un agente de la DEA. Regida por el trauma, ‘‘Bella’’ le dio pie a Esmeralda para volver a hacer alarde de todas sus velocidades por medio de más de ocho personajes distintos que requirieron, más que de una caracterización basada en pelucas, del manejo de diversas identidades para regresar de incógnita a aniquilar a las ‘‘bestias’’ que le arrebataron a su familia.
Además de ser un expansor para las virtudes actorales de Esmeralda, Isabela fue una resonancia directa hacia su mundo interno y su naturaleza, esa que se formó desde su nacimiento y su crianza, que alimentó su adaptabilidad a diversas culturas y lenguajes, así como su pulsión para moverse de un escenario a otro de forma sincrónica. Pero, por otro lado, Esmeralda tampoco es ajena al trauma ni a ser una sobreviviente. Pimentel siempre ha sido honesta respecto a sus luchas personales, tales como las adicciones y los abusos que sufrió cuando era una niña.
Crecer en un ‘‘pueblo chico, infierno grande’’, en donde prepondera la idea de mantener todo en secreto y quedarse callado, la convirtió en una mujer que ahora alza la voz y grita ante las injusticias. Eso mismo la ha llevado a colaborar con varias fundaciones en pro del cuidado de las infancias a lo largo de su camino bajo el reflector, tal como Fundación Freedom. Su sentido de justicia no se ha quedado en la ficción; mientras que como Isabela realizaba todas sus escenas de pelea y combate por sí misma, como Esmeralda también ha combatido —y vencido— a sus propias bestias.
El color del vuelo a la libertad.
Durante esa misma época, Esmeralda regresó a la pantalla grande tras cinco años de ausencia con personajes pequeños que, siendo sinceros, no eran vehículos para explotar todo su potencial, pero que poco a poco le fueron abriendo un lugar dentro de una esfera tan celosa como lo es la del cine mexicano para todos aquellos que son catalogados con cierto menosprecio como ‘‘actores de telenovelas’’. Prejuicio del que ella tampoco se ha escapado, pero que lejos de desanimarla, ha encendido su coraje para demostrar sus alcances, como cuando pidió aquella beca en las oficinas del CEA.
Su retorno se dio a través de El Que Busca Encuentra, dirigida por Pitipol Ybarra, en donde interpreta a Angélica, una de las mejores amigas de la protagonista y quien pretende ser un ejemplo de libertad para ella. A finales de ese mismo año interpretó a Violeta en Cuando los Hijos Regresan, de Hugo Lara, una chica que se harta de la poca determinación de su novio para decidir su futuro y en la que compartió créditos con un elenco del nivel de Fernando Luján, Carmen Maura, Cecilia Suárez e Irene Azuela. Poco tiempo después cerró la triada de comedias con El Hubiera Sí Existe, de Luis Eduardo Reyes, en donde interpretó a Rosita, una oficinista inocentona que tampoco le brindó mucho.
El mensaje era claro: Televisa ya había dado todo lo que, hasta ese momento, tenía que dar. No obstante, el cine mexicano tampoco estaba aprovechando todo lo que Esmeralda tenía por ofrecer, por lo que, siendo un ave de muchos nidos desde su origen, Pimentel decidió emprender el vuelo solitario hacia otros horizontes optando por la ciudad de Los Ángeles en el 2018 para una residencia estudiantil de actuación y dirección.

Foto: Yahoo! Vida y Estilo
El 2020 fue el punto de quiebre para muchas personas a lo largo y ancho del mundo por diferentes razones que tenían un contexto en común. Para Esmeralda, esa época significó una fase de introspección que vino de la mano de Los Vuelos Solitarios, un monólogo teatral montado por Adrián Vázquez en el que Esmeralda interpretó a Silvestre, un personaje a través del cual ponía sobre la mesa el tema de la feminidad y, firme como ella sola, tomó la que podría parecer una decisión superficialmente radical: cortarse el pelo. En el mundo de hoy en día, que pretende haber evolucionado, que se jacta de llamarse inclusivo, esa parecería una decisión mundana —más en una profesional que vive para habitar otras identidades—, pero Esmeralda terminó exhibiendo que la realidad es otra: a la mujer se le sigue valorando por el largo de su cabellera y ese circuito supuestamente ‘‘elevado’’ que gesta al cine nacional, que tanto fanfarronea sobre ser diferente al de la televisión, en realidad no dista mucho de los mismos prejuicios al haber limitado las oportunidades para Esmeralda tan solo por no tener el pelo largo ni adecuarse a estereotipos físicos.
Por supuesto que el ruido externo no se hizo esperar —como suele suceder ante los rebeldes—, pero la libertad y la seguridad que el vuelo en solitario le había dado a la Pimentel pesaron mucho más que las habladurías. Silvestre fue una revolución para Esmeralda. Fue el máximo símbolo de atrevimiento para ser quien ella quería ser y para amar a quien ella quería amar. Silvestre, además de otorgarle una nominación a Mejor Actriz Femenina Principal en una Obra en Los Metro del 2021, terminó de derribar todas las barreras que otros le habían impuesto a Esmeralda sobre lo que ella, supuestamente, ‘‘debía de ser’’ y a partir de ella es que vimos a otra Esmeralda Pimentel.
Mientras se estrenaba su primer protagónico en cine con la película Ahí Te Encargo al lado de Mauricio Ochmann, fue que el llamado crossover se concretó. La neoyorkina-tapatía cruzó la frontera para personificar al puente entre dos de las culturas que a ella misma le dan identidad: primero en la película estadounidense No Man’s Land, de Conor Allyn, en donde interpretó a Victoria, la hija de un hacendado en el norte del país que sirve como traductora —y cómplice— de un cowboy prófugo de Texas; después, durante la cuarta temporada de la popular serie The Good Doctor, interpretó a la enfermera Ana Morales, quien también servía como vínculo lingüístico entre la comunidad hispanoparlante y el entorno hospitalario.

Foto: Amazon Prime Video
Pero el viaje internacional de Esmeralda no estaba destinado a estacionarse en Estados Unidos y fue en el Viejo Continente en donde parecía haber encontrado propuestas más sustanciosas, específicamente en España, en donde participó en la serie de época La Templanza (2021), basada en la novela de la reconocida escritora María Dueñas y en la que encarnó a Mariana Larrea, la hija del protagonista de la historia. Ya en tierras españolas, puntualmente sumergida en la mística de los bellos paisajes cantábricos, Esmeralda se ganó la confianza del director Jesús del Cerro para protagonizar la comedia romántica titulada En Otro Lugar al lado de Miguel Ángel Muñoz en el 2022. En su primer rol principal en el extranjero, Pimentel tuvo la oportunidad de interpretar, precisamente, a una joven mexicana llamada Paula, quien encuentra en España el nido al que pertenece.
La carrera de Esmeralda había encontrado la oportunidad de oscilar entre España —Perverso (2024) —, en donde comenzaba a hacerse de un nombre, y México —Donde Hubo Fuego (2022), Montecristo (2023), Un Buen Divorcio (2024)—, en donde ya era una figura consolidada. Sin embargo, faltaba ese personaje, esa evolución de Madame de Sade, Lucía, Isabela o Silvestre que le permitiera verdaderamente reventar todo el crisol de posibilidades que la constituyen. Esmeralda es una actriz comprometida con su trabajo, eso es una obviedad a estas alturas, pero es aún más evidente cuando el fuego dominicano, ese que le mete pasión a lo que hace, la consume solo con ciertos personajes. Esos campos de juego que para cualquier actriz significan el paraíso.
El color del paraíso.
El amorío de Esmeralda con Italia comenzó en el 2024, cuando el guionista Edgar San Juan, en su ópera prima, por fin le soltó la rienda a la bestia dentro de Esmeralda a través de dos personajes habitando el cuerpo de una misma mujer en Casi el Paraíso, adaptación cinematográfica de la novela de Luis Spota; obra que por muchos años se consideró como ‘‘inadaptable’’, pero que San Juan, con su expertise en el guion y devoción por la novela, junto a Hipatia Argüero y Juan Curi, supo adecuar con perspicacia a tiempos modernos.
Por un lado, Esmeralda era Concha López, una mexicana ilegal en Italia; chica trabajadora, firme en sus ideales y preocupada por las luchas sociales, cosa que la llevó a huir de su país al ser perseguida por la policía. Por otro lado, tenía que pretender ser Frida Becker, la versión refinada de Concha; un témpano de hielo, estudiada en Alemania y de regreso en México con otra identidad para protegerse. Frida termina trabajando para el político Alonso Rondia (Miguel Rodarte) como su asistente y el verdadero cerebro que mueve toda la maquinaria detrás de él acorde a sus intereses, algo que pareciera ir en contra de sus convicciones, pero Frida es un animal herido, lastimado por un viejo amor (Andrea Arcangeli) y por la realidad del entorno que la han convertido en una fiera de sangre fría sin miedo a abrazar la oscuridad, algo que tampoco le es indiferente a Esmeralda, al contrario, ese es uno de los mayores atractivos al momento de tomar dirección profesional y personal.

Foto: MUBI
Casi el Paraíso es, de origen, una crítica social a las castas y a la frivolidad e hipocresía que dominan a las altas esferas del poder podridas en corrupción, racismo y discriminación. Entiéndase, no ha cambiado mucho del México de 1956 —fecha de publicación de la novela— al que conocemos hoy en día. Lo que San Juan hace con la versión cinematográfica es adaptar la historia a un mundo dirigido por la tecnología de forma certera, que no pierde la esencia cínica de Spota, y que aprovecha todos sus recursos entre México e Italia para hacer lucir la manufactura como pocas veces se atreve a hacerlo el cine nacional.
Esmeralda, por sí misma, fue añadidura subversiva a la crítica que permea a la historia original: una mujer criticada por algo tan aparentemente banal como cortarse el pelo y explorar sin tapujos su sexualidad que se plantó en la película para mostrar que el pelo corto en la mujer también es símbolo de sofisticación y apuntalarse como la actriz ideal para convertirse en la próxima femme fatale por excelencia del cine nacional.

Foto: IMDb
De igual forma, es importante puntualizar la importancia de tener a alguien como Edgar San Juan para conducir su trabajo y, lo más importante, entonarlo. Así como en su momento lo fueron Francisco Franco en televisión o Adrián Vázquez en teatro, Edgar fue un director que encontró cómo encausar a la bestia sin mermar su libertad ni su instinto. En estas dos mujeres hay una injerencia ineludible de la propia personalidad de Esmeralda y San Juan supo detectar la fuerza en Pimentel que personajes como Concha y Frida necesitaban para converger y sacarle provecho. La sorpresa con Esmeralda no es que haya hecho un buen trabajo en esta película, su crédito como productora asociada ni que haya parlado italiano con tanta fluidez, sino que no se le hubiera ofrecido un reto así de desafiante con anterioridad.
La película, además de llevarse las palmas por el ejercicio de transparencia por parte de su director al hacer público el balance final de los alcances financieros del proyecto, tuvo una buena acogida por parte de la crítica y del público. El aplauso no dejó fuera a Esmeralda, quien logró nominaciones al Premio CANACINE y a la Diosa de Plata como Mejor Actriz.
El color de una rebelde.
Posterior a su paso por el paraíso, Pimentel regresó a España a coprotagonizar la película Un Funeral de Locos, de Manuel Gómez Pereira; una comedia negra en la que Esmeralda se tuvo que ceñir a calibres como el de la mismísima Belén Rueda o Quim Gutiérrez y que, para gusto de muchos, ya dejó ver a una actriz tiempista, segura de sí misma y en dominio de su entorno, a quien la experiencia le ha pasado por encima. Tras un par de fechas como protagonista de la aclamada obra Siete Veces Adiós en el 2026, llegó el momento de que Esmeralda Pimentel aprovechara esa seguridad a cuestas para ponerse bajo los reflectores más importantes que la han iluminado hasta el momento, regresar a Italia y, ahora sí, mostrarse a nivel mundial.
Hombre al Agua, de Gael García Bernal —también producida por Diego Luna—, aborda la historia de un salvavidas cubano llamado Camilo (Bernal) quien rescata de morir ahogado a un poderoso empresario mexicano de nombre Abel (Jorge Salinas). Como agradecimiento, el magnate le ofrece trabajo a Camilo en Yucatán, México, en donde conoce a Juana, la hija de Abel y quien es una destacada atleta especializada en el salto con garrocha. Es ahí en donde intercede Esmeralda Pimentel. Sin embargo, a pesar de haberse inmiscuido en una vida llena de lujos y privilegios, Camilo va descubriendo poco a poco que el haber salvado una vida pudo haber significado el haberle vendido la suya al diablo.

Foto: La Corriente del Golfo.
Juana volvió a despertar el ímpetu físico en Esmeralda al momento de tejer un personaje. Así como lo había hecho con Isabela en su tiempo, el estricto entrenamiento que Pimentel realizó para construir a Juana se basó en un régimen diario a cargo de Carmelita Correa, campeona nacional en el rubro y quien ostenta el récord del salto más alto (4.18 metros) en competencia, para llevar a cabo sus escenas.
Además de compartir escena con García Bernal, Esmeralda se midió en pantalla con figuras como la actriz brasileña Débora Nascimento y esa fuerza de la naturaleza capaz de devorarse cualquier escenario que pise de nombre Ricky Martin. Sin tapujos, Esmeralda vuelve a poner sobre la mesa el tema de la sexualidad por medio de un personaje que se relaciona de una forma ambigua con el de Nascimento mientras filman una película autobiográfica de la atleta, pasaje que también le permitió a Pimentel canalizar su lado creativo de una manera relativamente metaficticia.
De nueva cuenta, Esmeralda se inmiscuyó en la burbuja de la clase política mexicana desde la comedia negra, algo que ya ha provocado reacciones mixtas entre el público que ha tenido la oportunidad de ver la película antes de su estreno en México el próximo 24 de septiembre. Esmeralda es una mujer que incentiva a cultivar la rebeldía y que, como actriz, tiene como propósito primordial el generar reflexión en las audiencias sin temor a incomodarlas ni provocarlas. Precisamente esa osadía ya la ha llevado a caminar el Festival Internacional de Cine Venecia —en donde también presentó Drácula, un proyecto de Audible que protagoniza junto a José María de Tavira— y el Festival Internacional de Cine de Toronto como el rostro femenino principal de Hombre al Agua.

Foto: Instagram @esmepimentel
Diversa en su persona y en su quehacer, hablar de Esmeralda Pimentel es abordar a una actriz que puede adentrarse a la piel de cualquier tipo de personaje y a cualquier género gracias a una capacidad de expansión sustentada en su determinación y en su inconformismo; a ser una actriz que sigue buscando hacia donde crecer y que no da por hecho las cosas solo por su apariencia o el camino que ya lleva recorrido. Con varios proyectos por estrenar, como la película Drama King junto a Diego Calva y José María Yazpik —cuya trama gira, curiosamente, alrededor de un actor de telenovelas que buscar dar el salto al cine—, otro par de películas españolas como El Gusto del Cloro y Hada —la incursión de la actriz al horror—, o la serie La Ecuación de Dios, quién sabe si incluso su afinidad por escribir y dibujar podría llevarla a aventurarse a guionizar o dirigir en cine, teatro o televisión algún día. El vuelo de Esmeralda parece no tener fronteras desde su nacimiento ni desde su constante búsqueda por ser una mujer libre.
En una escena nacional en la que muchas veces predomina la anhedonia como tendencia actoral, se agradece que llegue una actriz con sangre en las venas como Esmeralda Pimentel y que sea lo suficientemente rebelde como para romper con los estigmas dentro de su propio circuito, así como con los esquemas que se pretenden perpetuar en las pantallas. La orgullosa egresada del CEA ha marcado un estatuto al confirmar que los actores surgidos de la televisión, específicamente del melodrama que da origen a la telenovela, no pertenecen a categorías inferiores por el solo hecho de haberse formado ahí; Pimentel se ha ido haciendo de un lugar en el cine mexicano gracias a la constancia de su trabajo, a no claudicar ante los prejuicios ni los estándares y a demostrar que el que es perico, donde quiera es verde. Verde Esmeralda.
Referencias:
Esmeralda Pimentel: la popular actriz que grita a los cuatro vientos su orgullo por tener sangre dominicana. Por Jeury Frías. Diario Libre.
Esmeralda Pimentel, la mujer perfecta que nos dio una lección con su cambio de look. Por Luis Moreno. Yahoo! Vida y Estilo.
La paternidad detonó el espíritu creativo de Gael García Bernal. Por Mariana Mijares. Milenio.
Javier Poza entrevista a Esmeralda Pimentel. Radio Fórmula.
5 Talentos Ocultos Esmeralda Pimentel. Glamour México y Latinoamérica.
Esmeralda Pimentel I Primera parte. Entrevistas Juliantina Radio.
Recibí mensajes ofensivos de los hombres por el cabello corto, Esmeralda Pimentel con Javier Poza. Radio Fórmula.
Una mujer fuera del orden establecido I Esmeralda Pimentel, Marimar Vega y Efrén Martínez. El Rincón de los Errores.
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