Mórbido Film Fest 2026: noche de ‘Sacrificios’ en el Museo Nacional de Antropología.

El pasado 28 de octubre se celebró el inicio de la 19ª edición del Mórbido Film Festival, un evento no apto para cardíacos pero sí para los amantes de lo oculto. Y, por supuesto, una ocasión especial merecía un gran evento como sería la premiere de Sacrificios, el nuevo y enigmático filme de Mauricio Chernovetzky, cuya proyección tuvo la fortuna de presenciar el equipo de Kinema Books.

La cita tuvo lugar en uno de los recintos más especiales de la Ciudad de México: el Museo Nacional de Antropología. Inaugurado en septiembre de 1964, este lugar funge como un espacio de reflexión y reconocimiento de la herencia indígena y fue elegido por su relación directa con el misticismo que reina en la película.

Sacrificios (2025) nos cuenta la historia de Juan, un hombre cuya familia no tiene nada que envidiarle a los demás: una esposa con renombre en la comunidad antropológica y un hijo, Andrés, que es su adoración. Sin embargo, una noche oscura y lluviosa, las cosas se trastornan por un accidente que cambiará su vida, resultando en la muerte de su hijo. Juan tendrá que lidiar con un dolor tan profundo que lo hundirá en una experiencia sobrenatural.

Jorge A. Jiménez (Borrego, No Man’s Land) interpreta a un hombre que parece vagar sin vida, cargando una enorme cruz de culpa. Este duelo tan oscuro y opresivo lo sumerge en una vorágine de emociones y visiones que dejan al espectador sin saber si se encuentra ante acontecimientos sobrenaturales o frente a un viaje espiritual en busca de sanación. Entendemos que perdió a su hijo pero es incapaz de desprenderse de la tristeza mientras su esposa (Frida Astrid) trata de seguir adelante. A todo esto se suman las confusas vivencias que ocurren mientras se recluye en una cueva con altares e imágenes que perturban la conciencia, conduciendo a Juan hasta un límite que termina por liberarlo.

Foto: Eli Montelongo

Chernovetzky dirige un thriller que mantiene al público atento ante la inverosímil travesía de Juan, jugando con elementos de la cultura mexicana principalmente la representación e historia de Mictlantecuhtli, dios mexica de la muerte y señor del Mictlán (“lugar de los muertos”). Sin embargo, aunque la premisa de lo prehispánico y el suspenso suenan atrayentes, existen momentos que pueden llegar a incomodar al espectador o dejarlo con más preguntas que respuestas, restándole atractivo al filme.

Después de la proyección tuvo lugar un conversatorio con la presencia del director de la película, el CEO de Mórbido Pablo Guisa y el antropólogo y divulgador Omar Espinosa. El diálogo comenzó con un contexto histórico en el que Espinosa compartió datos que ayudaron a comprender la cinta.

Foto: Eli Montelongo

Un elemento ampliamente presentado fue el agua, ya sea como ambientación (la familia de Juan vivía en una isla) o como arma (su papel en el accidente de Andrés). Espinosa compartió que, antiguamente, el agua se relacionaba con el mundo de los vivos; por ejemplo, Tláloc es conocido como el dios de la lluvia y a quien se le rendía tributo en épocas de sequías o hambrunas con sacrificios infantiles. También se ha mencionado su participación en el Mictlán, debido a que el primer reto era atravesar un río.

Por su parte, Chernovetzky nos platicó sobre su inspiración para crear la película, basada en una experiencia espiritual de uno de sus amigos. Él menciona que “algo nos atrae a explorar cosas profundas”, y así es como se aventuró tanto para crear Sacrificios como para estudiar literatura y religión.

El dolor es la constante de Sacrificios, ya sea una experiencia sensorial percibida por la muerte de Andrés, pero también resulta como algo físico cuando Juan se autoflagela para alimentar a la entidad que cree ser su hijo. El antropólogo compartió cómo la idea del dolor ha sido documentada de distintas formas, una de ellas con los autosacrificios, donde “gente de la élite se sangraba para ofrecer y promover cosas como el linaje. Se buscaban puntos específicos para la condición y resistencia del dolor, este era importante para modificar la percepción, trasladarse a otro plano.” 

Aunque el dolor ciega y desconecta a Juan del mundo terrenal, permite reencontrarse con su hijo en un plano donde ambos pueden existir. El duelo es un oscuro valle que el padre decide transitar, ofreciendo su carne como tributo y así alimentar la vida del menor. Con cada herida, cada privación, Juan continúa eligiendo sacrificarse por Andrés, convirtiendo su sufrimiento en una ofrenda que evoca a los antiguos rituales mexicas dedicados a la muerte.

Mauricio Chernovetzky presentó una película que explora nuestra relación con la muerte y la presentó en un espacio que resguarda parte de nuestra memoria histórica. Su cinta nos invita a pensar sobre los límites del dolor y que lugar damos a la muerte en nuestras vidas. Aunque no ofrece respuestas claras, despierta la curiosidad por aquello que desconocemos.


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