‘The Drama’ (2026): Del amor a la moral


El afamado escritor Augusto Monterroso decía que los tres grandes temas de la literatura son el amor, las moscas y la muerte. Según él, al simplificar todo lo que nos rodea, no importa de qué hablemos, siempre terminaremos habitando uno de estos tres territorios. The Drama (2026), el más reciente largometraje estadounidense producido por A24y dirigido por Kristoffer Borgli, se apropia de las tres partes que menciona Monterroso para edificar una de las comedias negras más intersantes del año.

Bajo una premisa aparentemente sencilla, el filme nos presenta a Emma y Charlie (interpretados por Zendaya y Robert Pattinson), una pareja joven a solo unos días de contraer matrimonio. Sin embargo, la magia de los preparativos se fractura cuando Emma, a medio camino entre la ebriedad y la catarsis, confiesa haber planeado un tiroteo escolar durante su etapa en la preparatoria. A partir de este detonante —un tema de profunda sensibilidad nacional para una generación que ha crecido bajo el impacto emocional y real de las armas en Estados Unidos—, el guion gira constantemente la moneda de la moralidad, obligando al espectador a confrontar preguntas incómodas: ¿Qué es lo correcto? ¿Cuándo un mal se vuelve verdaderamente irreparable? ¿Es el dolor supuesto igual de horrible que el generado? ¿Qué es más grave; pensar en hacer algo horrible sin hacerlo, o cometer un error real que sea doloroso pero reparable?

A través de una estructura de guion clásica y activa, la película avanza en el presente mientras nos traslada puntualmente a escenas específicas de la juventud de Emma para entender las raíces de su confesión, obligándonos a atender las consecuencias de un desliz del pasado que ahora amenaza con devorar todo su futuro.

El Amor: O lo que creemos que es

El primer pilar de Monterroso se manifiesta en el entender la relación entre Emma y Charlie, un vínculo donde el amor termina revelándose como una frágil simulación social. Esta rigidez destructiva encuentra su punto de partida en la sutil doble moral que la pareja ya arrastraba antes de que todo se quebrara. Al creer ver a su DJ de la boda drogándose en la calle, Emma y Charlie abren un debate puramente superficial sobre si es correcto mantenerla contratada cuando el consumo de sustancias está tan «mal visto» socialmente; aunque los mismos personajes admiten haberse drogado en alguna parte de su vida, es ahí donde se coloca el punto central de la película, la moral como una situación de perspectiva, más que una verdad única.

Aquí es donde la película convoca implícitamente al filósofo Immanuel Kant y su distinción entre la ética del deber y la moral de las apariencias. Para Kant, el valor moral de una acción no radica en sus consecuencias ni en cómo se percibe públicamente, sino en la intención pura y el respeto al deber. Mientras la pareja utiliza un criterio utilitarista y estético para juzgar a la DJ por cuidar su estatus de boda perfecta, Charlie traslada esa misma hipocresía a su relación tras la confesión de Emma. Él es incapaz de aplicar la lógica kantiana para entender que la razón y la brújula moral de Emma maduraron al decidir no ejecutar su plan del pasado; para Charlie, el hecho de que ella pensara en el tiroteo anula la mujer trabajadora, madura y realizada que tiene enfrente.

El amor, entonces, se revela como un espejo de conveniencia. Charlie juzga sin escuchar, se refugia en la mentira, comete una infidelidad y hace sentir señalada a su prometida, demostrando además una nula empatía al ignorar su propio pasado como ciberacosador. Charlie no busca solucionar la crisis, sino simular que está tomando la decisión «moralmente correcta» ante el ojo público, especialmente tras sentir la presión social de que sus amigos se enteraran del secreto durante la revisión del banquete. En contraste, el filme utiliza a Emma para plantear que el amor, en su forma más pura y compleja, es una decisión voluntaria. A pesar de ser humillada y quedar en ridículo el mismo día de su boda, ella elige quedarse y sostener el vínculo.

La puesta en escena apoya magistralmente esta dinámica a través del diseño de vestuario: la producción introduce una mimetización sutil donde los colores y la ropa diaria de Emma y Charlie reflejan su conexión de pareja; una armonía cromática que se fragmenta conforme la relación se rompe y que vuelve a unirse únicamente en los momentos donde su lazo afectivo logra ser más fuerte que la crisis.

La Muerte: El fantasma del tiroteo y el deceso del vínculo

La muerte en The Drama no se presenta como un hecho físico en pantalla, sino como una presencia espectral y psicológica. Es el peso de la letalidad latente que rodea el concepto de un tiroteo escolar: el trauma colectivo de una nación, el peligro de las armas en la infancia ante el descuido parental y la fragilidad de la adolescencia expuesta al bullying. La película se encarga de humanizar el origen de esta sombra; la motivación de Emma no nacía de una psicopatía innata o de un odio puro, sino de una radicalización provocada por el aislamiento, la depresión y una profunda soledad que intentaba confrontar en su juventud. Una etapa de la que, de hecho, se redimió a tiempo, llegando incluso a marchar y protestar activamente en contra del uso de armas; las personas no somos una acción de nuestra vida, pero sin duda hay momentos que mueven completamente el camino que podemos llegar a seguir, es entonces cuando la película deja caer en cara; ¿somos más nuestras decisiones o nuestros pensamientos? ¿es un acto sin concretarse un pecado mayor que la realidad vivida?

Sin embargo, el verdadero deceso que ejecuta la película es el de la percepción interpersonal. La muerte habita en la velocidad con la que un vínculo supuestamente sólido se desintegra cuando cambia la forma en que percibes a tu pareja. Bastaron unas palabras sobre un evento que jamás ocurrió para asesinar la confianza y la seguridad del matrimonio, demostrando que las relaciones humanas pueden ser tan frágiles como los hilos que sostienen la vida misma. La muerte entonces no genera un duelo por la pérdida de una persona (o muchas de cometerse el tiroteo de Emma), sino en el cómo el duelo puede ir más allá, en la confianza, en la conexión, en la forma de percibir al otro.

Las Moscas: El zumbido del juicio y la doble moral

Si el amor es la unión y la muerte es la pérdida, las moscas en The Drama representan la putrefacción social, el zumbido incesante del juicio ajeno y la doble moral colectiva. En la literatura y en la realidad, las moscas acuden en masa cuando algo empieza a descomponerse; aquí, son el síntoma de una sociedad que prefiere alimentarse del escándalo antes que comprender la complejidad ética de las personas.

Las moscas se encarnan perfectamente en los personajes secundarios, siendo Rachel el ejemplo más vivo de esta podredumbre. A pesar de que Emma le había conseguido empleo y mantenían una amistad cercana, Rachel decide ignorar por completo los mensajes de su amiga tras conocer la confesión, y al verse confrontada y expulsada de su círculo laboral, prefiere victimizarse y culpar a Emma en lugar de asumir su propia cobardía. Las moscas son también el murmullo de esos amigos de Charlie en el banquete, el juicio rápido y el entorno de una Nueva York jovial y modernizada que el diseño de producción decide asfixiar. Al cerrar la narrativa en interiores —el departamento de la pareja, los salones de preparación y el espacio de la ceremonia—, el espacio claustrofóbico nos encierra en una habitación donde el zumbido de la opinión social se vuelve insoportable; donde EL drama no solo lo que viven ellos, sino todo el que provoca su alrededor.

The Drama triunfa al negarse a ser un relato complaciente. Nos obliga a enojarnos, a empatizar y tratar de entender actos desesperados del pasado, mientras nos hace sentir ofendidos ante la simple idea de experimentar los dolores y traiciones que viven sus protagonistas. Es una brillante comedia negra que demuestra que, entre la belleza del amor y la tragedia de la muerte, siempre habrá un enjambre de moscas dispuestas a recordarnos lo frágil, maleable y contradictoria que es nuestra propia moral, o digno de Shakespeare de decirse: todo alrededor del ser humano, es un latente drama.



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