Desde que Hayao Miyazaki descubrió a principios de los 70 la leyenda tibetana El príncipe que se convirtió en perro, anhelaba una posible adaptación al formato animado. Más de diez años después e impulsado por la editorial Animage Bunko, el artista nipón presentaba El viaje de Shuna en junio de 1983, el relato de un valiente joven que al ver el hambre de su pueblo, decide emprender una travesía llena de obstáculos para encontrar las semillas mágicas que un misterioso viajero le sugiere.
La reciente publicación en español de esta historia ilustrada (emonogatari, en japonés) es todo un evento, pues se encuentran ahí los cimientos de estética y temas que Miyazaki desarrollará en su obra posterior con el mítico Studio Ghibli, fundado en 1985.
El viaje de Shuna resulta una narración optimista, que roza temas relevantes como la esclavitud, migración, cambio climático, guerra y el egoísmo de la condición humana; también hay tiempo para la amistad, la superación de la adversidad y lo místico, tópicos recurrentes en el universo Miyazaki, en las célebres películas de culto El viaje de Chihiro (2001) y La princesa Mononoke (1997).

La belleza de las acuarelas que ilustran la historia son de una fuerza que emociona al lector, pues aunque los dibujos de Miyazaki provocan hundirse al interior de un territorio alegremente familiar, la trama se siente fresca, reinvención absoluta de una leyenda ancestral. Las andanzas del joven Shuna resultan inspiracionales, un personaje hundido en la calamidad que al conocer a dos jovencitas a quienes rescata de la opresión, le cambiarán su atribulada existencia, virando hacia la confianza que solo el amor proporciona.
Los protagonistas de las historias de Hayao Miyazaki deben contar con la fe del lector y/o el espectador, pues son seres regularmente adentro de mundos opresivos, entornos quebrados, que están ahí para repararlos con sus acciones, obteniendo siempre al final, un aprendizaje.
El manga Nausicaä del Valle del Viento (1982) y El viaje de Shuna tienen fuertes vínculos en forma y fondo, pero también un par de diferencias clave: mientras la primera tuvo su adaptación cinematográfica en 1984, la segunda es un trabajo único dentro de la obra de Miyazaki, pues hasta la fecha el animador de 85 años no ha vuelto a realizar ningún emonogatari.
La radiante edición en español de pasta dura de Salamandra Graphic (presentada a la manera de los libros japoneses) es una joya de colección literaria, dividida en seis capítulos y un emotivo epílogo del autor. Cada ilustración, además, parece tener vida propia, desenvolviendo fábula y ambigüedad en un ambiente terroso que se volverá muy verde, de cegador brillo.
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