Especial: películas malditas

En la historia del cine existen cintas cuya recepción y memoria han quedado inevitablemente vinculadas con la tragedia, la controversia, la censura, los accidentes o las circunstancias adversas que rodearon su producción y a quienes participaron en ellas. Con el paso del tiempo, estos acontecimientos han contribuido a construir una particular mitología cinematográfica: la de las llamadas películas malditas. Pero, ¿qué convierte a una película en maldita? ¿Los hechos que ocurrieron detrás de cámaras, la leyenda construida posteriormente o nuestra propia necesidad de encontrar conexiones entre el cine y la realidad? En este especial de Kinema Books, se revisan distintas obras —desde clásicos del cine mexicano hasta películas de culto y grandes producciones internacionales— para explorar las historias y leyendas que han hecho de ellas piezas particularmente inquietantes dentro del séptimo arte.

Stalker (1979) – Andrei Tarkovsky

Por Lily Droeven

Andréi Tarkovski fue un cineasta visionario que abordaba en sus narrativas temas filosóficos, psicológicos y espirituales explorando al mismo tiempo la existencia del ser humano. La composición visual de sus creaciones cinematográficas destaca por la aparición de diálogos o pensamientos filosóficos y melancólicos; sus elementos estilísticos van desde tomas largas y contemplativas, el uso de la paleta de colores en el que alterna las secuencias a color, blanco y negro o con tonalidades desaturadas; la aparición de objetos que pueden tener una dimensión simbólica o emocional y el diseño sonoro que le aporta experiencia sensorial a la narrativa. Además, cada una de sus obras está cargada con una sensibilidad poética e intimista.

El último largometraje soviético de Tarkovski es uno de sus trabajos más ambiciosos y deslumbrantes, Stalker. Se trata de una adaptación libre de la novela de ciencia ficción Picnic en el Camino escrita por los hermanos Arkady y Boris Strugatsky, quienes colaboraron en la escritura del guion junto con el director. Tarkovski construye su lenguaje visual a través del uso de la cámara deliberadamente lenta con planos largos, bajo una atmósfera densa y contemplativa que transita hacia las profundidades de un paisaje postapocalíptico. La combinación de estos elementos logra que la película se convierta en una experiencia completamente inmersiva para el espectador.

En una ciudad industrial vive un hombre llamado Stalker (Aleksandr Kaydanovskiy) quien se encarga de guiar a un escritor (Anatoliy Solonitsyn) y un profesor (Mykola Hrynko) hacia La Zona, un área restringida que tiene una habitación capaz de conceder los deseos más profundos. La Zona es una región completamente desolada envuelta en el misterio y no todas las personas que la atraviesan logran salir de ahí con vida. Se encuentra estrictamente vigilada por las autoridades, pero Stalker sabe cómo entrar ahí sin ser descubierto.

Si bien Stalker es considerada la mejor obra cinematográfica realizada por Tarkovski, algunos de sus colaboradores señalan que es una película maldita debido a los incidentes y tragedias que la rodean, principalmente porque años después Tarkovski, su esposa Larisa Tarkovskaya y el actor Anatoliy Solonitsyn fallecieron a causa de cáncer de pulmón. Esto ocurrió porque filmaron varias escenas en el río Jaga y una planta nuclear que estaba cerca vertía ahí desechos tóxicos y estuvieron expuestos prolongadamente a las sustancias químicas. Algunos miembros del equipo presentaron reacciones alérgicas mientras que otros se lesionaron debido a las condiciones extremas del lugar.

Tarkovski tuvo que trabajar con tres directores de fotografía por problemas personales y creativos. El primero fue Georgy Rerberg y lo reemplazó brevemente Leonid Kalashnikov. Finalmente, Alexander Knyazhinsky completó la fotografía de la versión final. 

Otro problema surgió cuando los laboratorios que trabajaban en el metraje no dominaron bien la reproducción del color y la calidad fotográfica.  Al revelar el negativo, el resultado no fue el esperado y Tarkovski volvió a rodar toda la película. 

A pesar de lo ocurrido, Stalker consagró a Tarkovski como uno de los directores más importantes en la historia del cine soviético.


Alucarda, la hija de las tinieblas (1977) – Juan López Moctezuma

Por Paulina Lucio.

Todos conocemos Alucarda al menos de nombre, nombre que no es más que Drácula escrita de atrás hacia adelante y con una A al final, para nombrar a la protagonista de la cinta mexicana.

Exorcismos, orgías, lesbianismos, posesiones infernales y dos huérfanas que abren un ataúd en medio de un bosque fueron la mezcla perfecta para que todos voltearan a ver una cinta que marcó el terror gótico en México.

En 1977 Juan López Moctezuma dirigiría una cinta que levantó ámpulas a su paso, no solo de la sociedad conservadora mexicana, sino hasta de las autoridades eclesiásticas, pues consideraban que dicha película era una invocación satánica o demoníaca.

¿El problema? Es que López Moctezuma tuvo a bien retratar no solo la temática que implicaba la religión, sino también la experiencia lésbica, escenas sacrílegas y algunas en dónde se ejercía violencia al grado de asesinato; muchos consideraron esta cinta como una visión a futuro de lo que podría pasar si permitían “que el diablo entrara” otros tantos catalogaron el trabajo de Juan como un visionario por la manera en la cual había realizado la película.

Tomemos en cuenta que Alucarda no es sino una adolescente huérfana de 15 años que ha vivido siempre en un convento y que a la llegada de Justine, los juegos y complicidad inocente se van transformando, por los cambios propios de la edad, en otra serie de emociones, conexiones y eventualmente sucesos paranormales.

Aunque debemos admitir que el factor terror, el manejo de los efectos, limitados para la época pero impactantes, las actuaciones y el guion hacen de Alucarda una cinta de culto a la que aún al día de hoy le siguen dedicando videoblogs, podcast y publicaciones, así pues, larga vida a Alucarda, tan larga como la vida de un vampiro pueda ser.


Trotacalles (1951) – Matilde Landeta

Por Sandra Cárdenas

Hay películas malditas por accidentes, muertes o tragedias ocurridas durante su rodaje. Y hay otras cuya maldición parece caer sobre quienes las hicieron. Trotacalles (1951) pertenece a estas últimas.

Nació de un argumento original de Luis Spota, pensado como un melodrama comercial. Sin embargo, su directora, Matilde Landeta, aceptó el proyecto con la condición de plantear su propia visión y contar la prostitución desde la perspectiva de las mujeres. Así, la historia sigue a dos hermanas con vidas aparentemente opuestas. María (Elda Peralta) se dedica a la prostitución en barrios populares, explotada por Rodolfo (Ernesto Alonso), mientras Elena (Miroslava) pertenece a una clase social privilegiada y está casada con Faustino (Miguel Ángel Ferriz), un hombre mucho mayor y adinerado. Conforme avanza la trama, descubrimos que ambas están atrapadas por estructuras parecidas: María vende su cuerpo en la calle; Elena lo hace dentro de un matrimonio por conveniencia, intercambiando juventud por seguridad económica.

Landeta quería romper esquemas, pero el sistema de producción de la época empujó la historia hacia el melodrama convencional. No era la primera vez que se enfrentaba a una industria que excluía a las mujeres. Tras abrirse camino como asistente y guionista, tuvo que financiar sus propios proyectos; para realizar Lola Casanova (1948), su debut, hipotecó su casa y fundó su productora TACMA. Después realizó La negra Angustias (1949) y finalmente Trotacalles (1951).

Más tarde, Matilde escribió junto a su hermano Eduardo el guion de Juzgado Juvenil para dirigirlo ella misma. Sin embargo, el proyecto terminó en manos de Alfonso Corona Blake, quien lo filmó como El camino de la vida (1956). Intentaron excluirla de los créditos, y aunque ella demandó y ganó, la industria le cerró las puertas tras el conflicto.

La maldición de Trotacalles comienza aquí. Después de esta película, la relación de Landeta con el medio cinematográfico se rompió. El boicot la fue dejando fuera de un cine dominado por hombres. Durante décadas siguió vinculada como guionista y docente, pero no volvió a dirigir un largometraje de ficción sino hasta Nocturno a Rosario (1991): cuarenta años después.

Una obra sobre mujeres que pagan un precio por sobrevivir terminó convirtiéndose en el relato de una directora que pagó un precio enorme por existir dentro del cine.


El mago de OZ (1939) – Victor Fleming

Por Jeraldyn Sierra Castro

Basada en el libro infantil El maravilloso mago de Oz (1900) de L. Frank Baum, las fantásticas aventuras de una joven huérfana de Kansas llegaron a la pantalla grande en 1939 de la mano de Victor Fleming con el título de El mago de Oz. La obra se centra en Dorothy (Judy Garland), quien es transportada por un tornado, junto con su perro Totó, a la Tierra de Oz, un lugar muy colorido y musical que vive bajo el amparo de Glinda, la Bruja Buena del Norte (Billie Burke) y las agresiones de la Bruja Mala del Oeste (Margaret Hamilton). Allí Dorothy debe encontrar el camino de regreso a casa, pero en su trayecto se cruzará con diferentes personajes que, como ella, buscan la ayuda del enigmático Mago de Oz: un espantapájaros que desea un cerebro, un hombre de hojalata que quiere un corazón y un león que anhela valor, transformando así el deseo de volver a casa en todo un viaje personal para Dorothy y sus amigos.

El mago de Oz se ha convertido con el tiempo en una obra icónica, clásica e influyente en el cine: ampliamente referenciada, parodiada y alabada. Esto último gracias a sus apartados técnicos y el uso del Technicolor, que hizo posible que las mágicas tierras de Oz se vieran vibrantes, coloridas y llenas de vida, en contraposición de los tonos sepia usados para las escenas en Kansas. Asimismo, la canción Over the Rainbow se ha ganado un lugar como una de las piezas musicales más representativas del cine estadounidense, sin contar que recibió el premio Óscar a la mejor canción original y a la mejor banda sonora.

No obstante, El mago de Oz, catalogada como película de culto, no está lejos de problemáticas, controversias y “maldiciones”. Pese a retratar un mundo mágico, divertido y resplandeciente, el rodaje fue un espacio donde ocurría todo lo contrario: cambio constante de directores, quemaduras e intoxicaciones causadas por el maquillaje, abuso laboral que repercutió en la salud física y mental de los actores, uso de materiales cancerígenos en el set de grabación y vestuarios sofocantes que convirtieron la filmación en todo un martirio. Por lo cual, la producción de El mago de Oz es recordada como caótica y accidentada, dando lugar a mitos y rumores trágicos que le han valido un puesto en la clasificación de cine maldito.


El conquistador de Mongolia (1956) – Dick Powell

Por Kike Cinéfilo

Durante los años más tensos de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética competían ferozmente por demostrar su poderío militar. Esta rivalidad provocó un aumento masivo de pruebas nucleares. Para sus ensayos, el ejército estadounidense utilizó el desierto de Utah, muy cerca de la localidad de St. George. Este dato geográfico se convirtió en el escenario de una de las mayores tragedias en la historia de Hollywood: la filmación de The Conqueror (El Conquistador de Mongolia), estrenada en 1956.

La película fue protagonizada por John Wayne, el gran ícono que representaba el modelo de ciudadano estadounidense. El elenco también incluía a estrellas de la talla de Susan Hayward, el mexicano Pedro Armendáriz, Agnes Moorehead y Lee Van Cleef. El millonario productor Howard Hughes convenció al director Dick Powell de rodar en Utah, ya que el gobierno le dio el permiso para usar las locaciones de forma gratuita.

Lo que nadie imaginó fue el precio real de ese ahorro. Cerca de 220 personas del equipo técnico y artístico filmaron expuestas al polvo radioactivo. Por si fuera poco, Hughes mandó transportar 60 toneladas de esa misma tierra contaminada a los estudios de grabación para que las escenas posteriores fueran más realistas. De esta manera, el veneno invisible de la radiación persiguió al equipo meses después de terminar el rodaje.

Independientemente del peligro oculto, la película fue un fracaso absoluto ante los ojos de la crítica. Destrozaron la historia y la actuación de Wayne, quien insistió en interpretar a Genghis Khan, un papel pensado originalmente para Marlon Brando. Aunque el filme funcionó en taquilla, quedó marcado como uno de los peores de la época.

Sin embargo, el verdadero horror llegó años más tarde. El cáncer comenzó a cobrar la vida de gran parte de los involucrados. John Wayne, Susan Hayward, Agnes Moorehead, Pedro Armendáriz y el propio director Dick Powell murieron a causa de esta enfermedad. Aunque los defensores de las pruebas nucleares intentaron culpar a otros factores, como el tabaquismo de los actores, un alarmante porcentaje del equipo enfermó. Científicamente es difícil comprobar el vínculo exacto, pero la coincidencia sigue siendo espeluznante. Ya sea por su pésima calidad o por el polvo mortal de Utah, esta producción quedó maldita para siempre.


Saló, o los 120 días de Sodoma (1975) – Pier Paolo Pasolini

Por Armando Navarro

El tétrico testamento fílmico de Pier Paolo Pasolini, Saló o los 120 días de Sodoma (1975), adapta libremente al Marqués de Sade en la Italia fascista de 1944, distorsionando la perversión sexual en una repulsiva disección del poder totalitario. Cine maldito, el contraste estético de sus bellos encuadres con el horror visual que exhibe y la fuerte carga política que lleva en sus fotogramas, la convirtieron en un cúmulo de desgracias concatenadas: el brutal asesinato de Pasolini en 1975, solo tres semanas antes del estreno del filme; el robo y la supuesta extorsión del pietaje robado; la censura, una consecuente persecución judicial y el boicot de la industria debido a su profunda reflexión sobre el abuso del poder.

Lejos de buscar entretener, el cineasta italiano provoca la incomodad ética de quien se atreve a acercarse a los 117 minutos de metraje, una experiencia rasposa, pero innegablemente lírica; un rugido desesperado, lleno de pesimismo, de un Pasolini que miraba con horror la degradación social de su época. En una enorme mansión el Presidente, el Obispo, el Magistrado y el Duque (Estado, Iglesia, Ley y Aristocracia) se confinan con cuatro exprostitutas y un grupo de jóvenes de ambos sexos que han sido prisioneros con total arbitrariedad.

El lugar se convierte en una sucursal del infierno de Dante, donde todo tipo de humillaciones y abusos irán in crescendo, hilvanados con sofisticadas citas a Nietzsche, Baudelaire y Klossowski, hasta un apoteósico baile entre dos esbirros que danzan al ritmo de la suave These Foolish Things (Remind Me of You) (1936), crudo simbolismo sobre la barbarie cimentada en la sangre de inocentes y la impunidad infinita.

Es ahí donde Pier Paolo Pasolini asesta su golpe más preciso: la indiferencia ante el caos y la cotidianidad de la crueldad, elevan Saló o los 120 días de Sodoma a la categoría de obra de arte que trasciende y sigue vigente, en diálogo con lo que Hannah Arendt denominó la banalidad del mal. En la secuencia de créditos inicial de la cinta, se incluye una bibliografía esencial insólita, lo que confirma a Saló como un ensayo visual filosófico y político, lejano a la mera explotación o cine de terror.

El guion, escrito entre Pupi Avati, Sergio Citti y Pasolini, fusiona literatura, poesía e ideas críticas de Roland Barthes, Maurice Blanchot, Simone de Beauvoir y Philippe Sollers, de donde surge un repugnante pastiche que es necesario ver, pero complejo disfrutar. Película maldita por donde se le busque, Pasolini entregó en ella las llaves del averno, con su poderosa metáfora final: el poder absoluto no busca el consenso, sino la propiedad absoluta del cuerpo del otro.


Rebelde sin causa (1955) – Nicholas Ray

Por Marisela Sánchez

La película de Nicholas Ray no solo inmortalizó la chamarra roja y la actitud incomprendida que definió a toda una generación, también quedó marcada por un destino trágico que resulta difícil de creer en simples coincidencias.

Rebelde sin causa sigue a Jim Stark (James Dean), un chico nuevo en la ciudad que vive una tensa relación con sus padres mientras busca desesperadamente su lugar. En su camino, entabla amistad con Judy (Natalie Wood), una chica que lidia con sus propios problemas en casa, y Plato (Sal Mineo), un joven frágil que ve en Jim a la figura protectora que nunca tuvo.

La película tuvo un impacto revolucionario que redefinió el concepto de juventud y cómo es retratada en el cine, fue de las primeras en tratar a los adolescentes como personas vulnerables que lidian con conflictos emocionales, familiares y una enorme presión social.

Lo escalofriante de Rebelde sin causa no fueron incidentes raros en el set, sino el trágico destino que sufrieron sus tres actores principales. James Dean nunca llegó a ver la película en pantalla grande, apenas un mes antes del estreno, el 30 de septiembre de 1955, el actor de 24 años perdió la vida al estrellar su Porsche 550 Spyder en una carretera de California.

Años más tarde, en febrero de 1976, a los 37 años, Sal Mineo fue apuñalado fatalmente en un callejón detrás de su departamento en West Hollywood.

Natalie Wood, nominada al Óscar por este papel, murió por ahogamiento en 1981, a los 43 años, mientras realizaba un viaje en yate.

Otros miembros del reparto secundario también fallecieron de forma prematura, como Nick Adams, quien perdió la vida a los 36 años por una sobredosis.

Más allá de la superstición que rodea las muertes de James Dean, Natalie Wood, Sal Mineo y Nick Adams, la verdadera trascendencia de la película no está en cómo murieron sus actores, sino la manera en la que cambió cómo es mostrada la juventud en el cine.


Matrix (1999) – Lana Wachowski, Lilly Wachowski

Por Eli Montelongo

Se ha creído que el progreso va ligado a la tecnología. Máquinas que cada vez ganan más peso en nuestra sociedad hasta casi despojar a los humanos de sus funciones habituales. A pasos agigantados obtienen poder hasta que, probablemente, controlen el último suspiro de nuestra realidad, tal como en Matrix.

La película de las hermanas Wachowski marcó un punto importante en el cine de finales de los noventas. Con un nuevo siglo que se avecinaba tanto emocionante como aterrorizante retrataron un futuro distópico que actualmente no se aleja para nada de lo que vivimos. Matrix nos habla de una simulación creada por máquinas para que los humanos habiten en ella sin saberlo hasta que Thomas Anderson, un programador de día pero hacker de noche apodado Neo, descubre la verdad y se une a la resistencia de dos rebeldes llamados Trinity y Morfeo.

El filme terminó siendo una película de acción ganadora de 4 premios Oscar por efectos visuales y sonido, además de una inspiración para el cine, la moda y la música, pero no todo es miel sobre hojuelas ya que el éxito se acompañó de algo de misterio y tristemente también desgracias.

Neo es interpretado por Keanu Reeves quien recibió duros golpes tanto físicos como emocionales. Durante el rodaje sufrió fractura de costillas además de una lesión en el bazo. Pero sin duda el golpe más fuerte vino cuando Jennifer Syme, su pareja de ese entonces, dio a luz de forma prematura a la niña que ambos esperaban, naciendo sin vida.

La muerte siguió reclamando víctimas, como el triste fallecimiento de Gloria Foster, quien interpretó al Oráculo, a causa de complicaciones de la diabetes. Este suceso ocurrió poco después de la impactante pérdida de Aaliyah, talento joven quien se estaba haciendo un nombre en la escena musical pero cuya vida se esfumó en un accidente aéreo. Ella iba a formar parte de la secuela Matrix Reloaded.

Sin duda, hechos que no sabemos si fueron coincidencia o ya estaban destinados a suceder, pero no dejando de lado que marcaron para siempre a la industria.


La sombra del Caudillo (1960) – Julio Bracho

Por María Fernanda Toral.

En este especial de cine maldito quise abordar la película mexicana La sombra del caudillo, porque las maldiciones pueden surgir como consecuencia de la censura. Esta película es una adaptación de la novela del mismo nombre del escritor mexicano Martín Luis Guzmán, que relata los sucesos que acontecieron posterior a la Revolución Mexicana, en la época en que se desarrollaba el fenómeno conocido como caudillismo (término que hace referencia a las épocas en las que, después de un conflicto armado, hay un debilitamiento o reorganización del poder y este se ve tomado a la fuerza por caudillos o líderes militares) y donde los ideales de la revolución solo era una fachada para seguir manteniendo el poder.

En este considerado como thriller político, seguimos al general Ignacio Aguirre (interpretado por el actor Tito Junco) que hace alusión a dos personajes de la historia mexicana Adolfo de la Huerta y Francisco Serrano. En la película, él es el secretario militar, y se nos presenta como un tipo desfachatado, sin ningún remordimiento de sus acciones y con un gran apoyo para que sea el siguiente presidente mexicano. Durante toda la película vemos su trabajo, siendo invitado a la Cámara de Diputados, teniendo citas con altos mandatarios, y también vemos su abuso de poder y corrupción, su relación con casas de citas o también su relación extramarital con Rosario (interpretada por la actriz Bárbara Gil).

Pero a la par, vemos poco a poco disminuir sus oportunidades para ser el próximo presidente porque el actual ya ha elegido a su candidato, el secretario de gobernación Hilario Jiménez (interpretado por Ignacio López Tarso), el cual hace alusión a otro personaje de la época Plutarco Elías Calles.

Durante la película vemos como hay diversas escenas de abuso de poder y como los sectores políticos se van enriqueciendo mientras que una gran población no ve materializados las esperanzas de la revolución, además de la disputa de estos dos personajes que está llena de traición y venganza.

Esta cinta, a pesar de tener grandes facilidades de producción, ya que fue producida por el Banco Nacional Cinematográfico y cuenta con locaciones privilegiadas como la Cámara de Diputados, el Castillo de Chapultepec, y cuarteles militares no logró ser exhibida en México en su estreno, fue censurada por varios gobiernos, y se puede deducir porque hace referencia a cómo se eligen los próximos candidatos a la presidencia y lo mal parados que queda el ejército mexicano. Es hasta los 90´s que se logra exhibir en una copia de poca calidad y es hasta los años 2020 y 2021 que es restaurada por la Cineteca Nacional.


The Omen (1976) – Richard Donner

Por Samuel Bautista.

En los primeros minutos de la película Robert Thorn toma una decisión;  cuando le informan que su hijo biológico muere durante el parto, un sacerdote le propone sustituir a su hijo por otro. Robert acepta sustituirlo, pero también decide no informar a su esposa Katherine. Su intención parece ser, querer evitarle un sufrimiento devastador a su esposa, sin embargo, todo lo que ocurre después en la familia Thorn será consecuencia de esa decisión. Katherine cree haber dado a luz a Damien y, cuando empieza a sentir rechazo, miedo o extrañeza hacia él, no posee la información que le ayudaría a interpretar correctamente esas emociones.

Para Katherine, cuidar termina significando reconocer que su hijo puede constituir una amenaza para ella, experimenta una maternidad que se ve atravesada por la duda, el miedo y la necesidad de conservarse a ella misma. Para Holly, la primera niñera, cuidar significa sacrificarse, es ideal distorsionado de la cuidadora que lo entrega todo por el niño. Para Mrs. Baylock, cuidar significa proteger a Damien a cualquier precio, incluso mediante la violencia, está dispuesta a matar por él.

Brennan cree saber quién es Damien, Jennings observa y encuentra la evidencia, Bugenhagen cree saber cómo destruirlo y Robert debe decidir si las pruebas bastan para actuar. El conocimiento está distribuido entre los personajes que requieren tomar acción: Katherine habla desde la experiencia corporal, Brennan desde el conocimiento de la fe religiosa y Robert exige evidencia, pero no consiguen compartirlo a tiempo. Las tragedias no parecen producirse simplemente porque nadie conozca la verdad, sino porque nadie posee simultáneamente conocimiento, credibilidad y capacidad de actuar.

¿Y Damien? Pedalea un triciclo, se resiste a entrar en una iglesia y sonríe en la escena final. Sin embargo, el horror ocurre a su alrededor: su niñera se ahorca, un sacerdote muere atravesado por una barra metálica, Katherine pierde el embarazo tras una caída, Jennings es decapitado, los animales se alteran al verlo, las fotografías parecen anunciar muertes. ¿Damien es el agente o el centro de gravedad? Su presencia convierte accidentes y coincidencias en señales de algo mayor. ¿produce los acontecimientos o produce la necesidad de interpretarlos? Ése es justo el ejercicio que la película parece enseñarnos, nos acostumbra a reunir acontecimientos dispersos, números y coincidencias hasta construir con ellos un patrón. Quizá por eso la posterior “maldición” del rodaje resulta casi una prolongación de la película: rayos, accidentes, viernes 13, el 66.6… acontecimientos que aisladamente pueden no significar nada, pero después de The Omen, ¿podemos evitar interpretarlos?


Trilogía Poltergeist (1982, 1986, 1988) – Tobe Hooper, Brian Gibson, Gary Sherman

Por Rocío López.

Poltergeist (1982), dirigida por Tobe Hooper y producido por Steven Spielberg, es la primera de una trilogía que se considera icónica dentro del género del terror de los años ochenta. Sin embargo, también es reconocida por la maldición que siguió a sus actores fuera de la ficción.

El guion escrito por Michael Grais, Mark Victor y el mismo Spielberg se centra en la familia Freeling, conformada por Diane (JoBeth Williams), la madre; Steve (Craig T. Nelson), el padre exitoso que trabaja en bienes raíces, por lo que viven en un vecindario residencial junto a sus hijos: Danna (Dominique Dunne), Robbie (Oliver Robins) y Carol Anne (Heather O’Rourke). Pero la tranquilidad de los Freeling será interrumpida cuando fenómenos extraños ocurran dentro de su hogar, hasta que la pequeña Carol Anne es capturada por esos espíritus malignos.

Fuera de la ficción parece que el terror persiguió a varios de sus protagonistas, ya que, durante el rodaje, JoBeth Williams tuvo que lanzarse a una piscina de lodo en donde emergían cadáveres, sin embargo, después se enteró que los esqueletos eran reales debido a que fabricarlos implicaba un mayor costo. Asimismo, la actriz se sentía acosada por una entidad: un día después de trabajo Williams encontró los cuadros de su casa volteados sin explicación lógica. 

Oliver Robins casi muere cuando rodó la escena en la que es atacado por un payaso, el cual era un muñeco mecánico cuyos brazos tomaron al niño por el cuello y tras una falla técnica, Robins realmente estaba siendo ahorcado y Spielberg fue a su rescate al notar que el chico estaba morado. Actualmente el actor tiene 55 años, pero ahora es productor y fotógrafo.

“La maldición de Poltergeist” continuó fuera de la ficción tras la muerte de Dominique Dunne a manos de su exnovio, quien tenía antecedentes de ser posesivo y agresivo. La joven de 23 años falleció el 4 de noviembre de 1982, tan sólo cinco meses después del estreno de la primera entrega. Para Poltergeist II (1986), sigue a la familia Freeling. Julian Beck se incorporó al elenco para interpretar al antagonista: el reverendo Kane. Lastimosamente, también murió el 14 de septiembre de 1985 durante el rodaje a causa de cáncer de estómago.

En Poltergeist III (1988), Heather O’Rourke, la pequeña actriz y el corazón de la saga con tan solo 12 años, fue trasladada de emergencia por un desmayo a raíz de una estenosis intestinal aguda, provocándole un paro cardíaco y perdió la vida el 1 de febrero de 1988.

La trilogía de Poltergeist terminó en la pantalla, pero el horror continuó fuera de ella dejando una pregunta que sigue sin respuesta: ¿fue coincidencia o maldición?


The Crow (1994) – Alex Proyas

Por Pok Manero

Hay películas que parecen haber estado condenadas desde su concepción. Tal es el caso de la película The Crow, segundo largometraje del director egipcio de ascendencia griega Alex Proyas. La cinta tiene su origen en el comic del mismo título, escrito el ilustrado por James O’Barr, que cuenta una historia de venganza en la que Eric, tras presenciar la brutal violación y el posterior asesinato de su prometida Shelly (nombrada en honor a la autora de Frankenstein) regresa de la tumba instigado por un cuervo sobrenatural que le da las habilidades necesarias para ajustar cuentas. Pero esta miniserie de comics, que primero vio la luz en 1989, tuvo un origen trágico.

A finales de los años 70, la prometida del artista, Beverly, perdió la vida tras haber sido atropellada por un conductor alcoholizado. O’Barr, teniendo dieciocho años de edad, se culpó a sí mismo por el evento e intentó sublimar su dolor al transformarlo en una historia que resultaría ser icónica y se convertiría en un hito generacional. Incorporando poemas de Rimbaud y letras de canciones de Joy Division y The Cure, la historieta dio una imagen inconfundible a la incipiente cultura urbana gótica. El éxito que llegó a alcanzar el comic hizo que Hollywood volteara su mirada en busca de una historia para llevar a la pantalla de plata. Lo que nadie sabía era que había una tragedia más en el horizonte.

Es importante aclarar que la película es buena por sí misma, logrando encapsular el sentir de la década de los 90 en su estética y sus preocupaciones. Es la quintaesencia de la cultura “dark”, al menos en su aspecto masculino -quizá la contraparte femenina es cubierta por Jóvenes brujas (The Craft, Andrew Fleming, 1996). Lamentablemente, el filme pasó a la historia por tratarse de la última actuación de Brandon Lee, hijo del célebre artemarcialista Bruce Lee, quien dio vida al protagonista Eric Draven. En un improbable accidente con una pistola de utilería, una bala falsa que se había quedado atorada en la cámara del arma salió disparada cuando dieron un segundo tiro, ocasionándole una herida al actor que probaría ser letal pues éste murió en el hospital tras seis horas de cirugía, con veintiocho años de edad. O’Barr, quien había entablado amistad con Lee, nuevamente sintió culpa por la tragedia pues tenía la impresión de que su obra estaba maldita.


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