Ángel de fuego (1992) de Dana Rotberg: una ciudad hecha de cenizas.

Lejos de la opulencia del Palacio de Bellas Artes y el Monumento a la Revolución, en un lindero miserable de la Ciudad de México, se presenta el Circo Fantasía; ahí vive y trabaja Alma (Evangelina Sosa), jovencita de 13 años que todas las noches se balancea en un trapecio y escupe fuego, entallada en un traje rojo. Ella queda embarazada, producto de la relación incestuosa que mantiene con su padre (Alejandro Parodi), un payaso en decadencia. Expulsada del circo y condenada por la sociedad a engendrar un “monstruo”, Alma se obsesiona con el perdón de Dios, posibilidad que encuentra junto a un grupo de titiriteros fanáticos que la someten a una purificación dolorosa, donde todo lo pierde.

En Ángel de Fuego (1992), la cineasta Dana Rotberg narra la historia de una niña ingenua que en la búsqueda de redención, se queda sin fe ni esperanza; Alma se degrada plano a plano, malgasta la poca felicidad que le llega, mientras su sonrisa se borra, existiendo en un sórdido entorno que por el día es circo, y por la noche, un burdel.

Todo el drama se desarrolla en esa Ciudad de México de principios de los 90, la de la incertidumbre e intolerancia social, donde la religión era vista como un refugio que terminó siendo traición. La lente de Rotberg y el legendario cinefotógrafo Toni Kuhn escudriña los rincones de una CDMX muy real, peligrosa, infame, poblada de seres quebrados que discuten en basureros, se entretienen en teatros terrosos y se ganan la vida escupiendo fuego en los cruceros, carbonizando sus entrañas.

Esa desolación que la película irradia desde su primer fotograma, transmite la esencia trágica de una ciudad rica en diversidad cultural; igual se sufre en Las Lomas que en Tepito, se llora en Coyoacán y también en Iztapalapa, una ciudad que palpita, todos los días se transforma y supura vida. Alma, en los últimos minutos de Ángel de Fuego, se muestra rota y decepcionada del mundo que la ha martirizado; ha perdido a su hijo, a su padre, y en la más agobiante soledad, le queda la catarsis que solo el fuego puede darle, liberándola de un universo del que nunca se sintió parte.

Con apenas 5 títulos dirigidos, Dana Rotberg tiene en Ángel de Fuego una inolvidable película de culto, crónica devastadora del amor vuelto dolor, recientemente restaurada para su proyección en el Festival de Cine Independiente de la CDMX.


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