Exótica (1994) del director armenio-canadiense Atom Egoyan, es un mosaico en el que cinco personajes orbitan alrededor del club nocturno Exótica, ubicado en Toronto. Christina (Mia Kirshner) es una joven stripper que baila para Francis (Bruce Greenwood), un cliente que acude todas las noches para hablar con la chica. Solo hasta el último plano de la película, quedará clara esta bizarra relación en la que Christina afirma: “Yo le necesito para ciertas cosas y el me necesita para otras cosas”.
El cine de Egoyan tiene una obsesión por la soledad y la culpa; en Exótica, estos temas alcanzan momentos de altísima importancia, siendo, quizá, el filme más emotivo y reconocido del cineasta. Las demás historias entrelazadas abarcan a la dueña del night-club, Zoe (Arsinée Khanjian), el DJ del lugar, Eric (Elias Koteas) y al dueño de una veterinaria con negocios ilícitos, Thomas (Don McKellar).

Todos estos personajes no deberían, pero están conectados a través de un laberinto narrativo no lineal que va revelando secretos y culpas. Dolor y erotismo se funden para buscar la salvación de un hombre y una joven que viven con el alma rota, producto del abuso y la pérdida. Una historia en apariencia sencilla, dentro de una atmósfera inquietante, que va revelando personajes psicológicamente vulnerables.
Exótica compitió en 1994 por la Palma de Oro del Festival de Cannes, llevándose el premio FIPRESCI de ese certamen; en el Festival de Toronto, obtuvo la presea como mejor película canadiense. Dice Atom Egoyan a propósito del filme: “Quería construir el guion de Exótica como si tratara de un striptease, a fin de revelar progresivamente los elementos de una historia con una gran carga emocional. Los personajes de la película se mueven entre una serie de rituales y rutinas que definen su soledad y el sentimiento de desesperación que les envuelve. A veces pueden parecer perversas o absurdas estas actividades por medio de las cuales la gente transforma su sufrimiento en mitos o leyendas fabricados por ellos mismos. Yo creo que para los seres humanos no hay nada más fascinante que el exotismo de su propia existencia.”
Se trata de una de las mejores películas canadienses de todos los tiempos; Egoyan, como un autor auténtico, creador de un estilo propio e inconfundible, es también el culpable de las joyas: El liquidador (1991), The Sweet Hereafter (1997) (nominaciones al Oscar como mejor director y mejor guion adaptado) y El viaje de Felicia (1999), historias donde el quebranto desborda en cada secuencia.
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