Los años setenta dieron un giro en la historia del cine convencional tras la despenalización de los códigos de censura en Estados Unidos, lo que derivó la aparición del cine pornográfico que logró posicionarse frente al cine comercial y de autor. Las narrativas estaban construidas de una manera más sofisticada y ambiciosa, con impecables aspectos técnicos que aportaban un mejor valor tanto artístico como producción al estar filmadas con presupuestos más elevados. Al subvertir los cánones del cine erótico y pornográfico estas películas buscaron abrir conversación generando un impacto positivo en el espectador, celebridades de alto perfil y en la crítica de los medios convencionales, consiguiendo una distribución mucho más amplia. Este periodo fue conocido como la Época de Oro del Porno que abarcó de 1969 hasta 1984 dando inicio con la cinta Blue Movie dirigida por el artista plástico Andy Warhol, pero no fue sino hasta 1972 que el realizador Gerard Damiano se convirtió en el máximo referente del cine pornográfico con su película Deep Throat protagonizada por Linda Lovelace. Otras cintas que vieron su apogeo en ese periodo incluyen Behind the Green Door (1972) y The Opening of Misty Beethoven (1976).

La Época de Oro del Porno sigue siendo uno de los periodos más significativos de la historia del cine estadounidense y las películas que formaron parte de esa época siguen siendo analizadas desde un punto de vista sociológico y cultural para ser reconocidas como documentos históricos que surgieron en pleno movimiento de la revolución sexual, esto se debe en gran parte a sus méritos artísticos, estructura narrativa y valor cinematográfico que las llevaron a convertirse en el punto de inflexión en el contexto histórico y cultural estadounidense al redefinir el cine pornográfico combinado con el arte que desafiaban a la censura. El proyeccionista, archivista y programador Justin Laliberty ha defendido en múltiples ocasiones la importancia del cine clásico para adultos y se dedica a su preservación, restauración y distribución en formato físico de videos domésticos (home video) por medio de la compañía Vinegar Syndrome.
Tras el éxito de Deep Throat, Damiano perfeccionó el género con su segundo largometraje, The Devil in Miss Jones y no era para menos, ya que recurrió a diferentes estrategias para la creación de su película desde referencias filosóficas fuertemente presentes en la tensión narrativa, el estudio de su personaje a través de la psique femenina, la composición de su lenguaje visual y aspectos técnicos meticulosamente cuidados e impulsados por la actuación dramática de Georgina Spelvin, haciendo que su obra fuera más allá de su condición de pornografía, despertando un mayor interés en la crítica especializada perteneciente a los medios convencionales serios al reinventar el cine para adultos, obteniendo comentarios positivos y convirtiéndose en una de las mejores películas de 1973 al explorar la represión, el despertar sexual tardío y la culpa femenina. Uno de los cineastas que alabó esta cinta de Damiano fue William Friedkin que la calificó como una gran película por contar con una narrativa y estructura dramática sólida, opinión que concuerda con los propios intereses de Friedkin al momento de construir sus narrativas. Por parte de la crítica, la cinta fue elogiada por el mítico Roger Ebert quien destacó en primer lugar la interpretación de Spelvin y en segundo la calidad de su alta producción y la construcción de la narrativa describiendo a The Devil in Miss Jones como la mejor de su género.
A mi punto de vista siento que The Devil in Miss Jones está mejor dirigida, ejecutada y actuada que Deep Throat, ya que esta última posee una premisa de comedia erótica de farsa compuesta por recursos del género vodevil que se encarga de satirizar la sexología clínica y educativa en pleno movimiento de la liberación sexual, la ingenuidad femenina y la propia industria pornográfica. Es importante señalar que pese a ser una comedia de farsa con tintes burlescos y satíricos, Deep Throat no tiene como fin exponer nada ni buscar la reflexión en el espectador, es simplemente un chiste erótico construido intencionalmente por Damiano con la finalidad de hacer reír a la audiencia, convirtiéndose en el contrapunto de The Devil in Miss Jones.

Esta segunda película de Damiano tiene una duración de apenas 64 minutos, que considero suficientes para mantener muy bien el tono de la narrativa, ya que, si se excediera de ese tiempo, entonces la película se sobreexplicaría demasiado por lo que su estructura existencialista se perdería por completo, de hecho, no llegamos a conocer muy a fondo a Justine como personaje ya que más bien siento que se trata un estudio a la exploración de la psique y la sexualidad femenina bajo un tono meramente existencialista y su pasado o su vida profesional quedan completamente desplazados. Las escenas de sexo explícito se condensan muy bien a la narrativa de una manera muy natural, ya que esta mantiene coherencia con la historia de principio a fin para entregar el argumento filosófico a través del cuerpo y del deseo femenino en el que Spelvin es filmada por Damiano cuya lente fragmenta los cuerpos durante las escenas de sexo de manera deliberada con un tono subjetivo retratando a Justine como una mujer que reclama su derecho al deseo sexual y evita ser un simple objeto de explotación. Ahora bien, al ser una película filmada bajo la mirada masculina, esta puede verse como la ejemplificación de lo que la teórica fílmica feminista Laura Mulvey plantea en su ensayo Visual Pleasure and Narrative Cinema (1975), pero cabe mencionar que la intención de Damiano es demostrar el poder de la mujer sobre la expresión de su sexualidad.
La experiencia y preparación de Spelvin como actriz teatral le permitió aportar una interpretación natural al construir a Justine de una manera más completa y creativa agregando realismo dramático que sirve para enriquecer a la película. Spelvin es capaz de habitar y transmitir las emociones a través de su mirada, en especial durante la escena donde Justine se quita la vida, una secuencia que a pesar de que es un poco densa de ver tiene cierto encanto visual y compositivo, permitiendo que la tristeza de Justine se sienta palpable. Es una escena larga y gráfica, pero evita verse explotada y en su lugar es filmada con mucho tacto. Un par de años después, Spelvin confirmó en una entrevista que para ella las escenas sexuales eran incidentales, dejando entrever que lo más importante era la trama existencialista y el desarrollo de su personaje.

Spelvin no solo fue elogiada por su interpretación y disciplina sino porque le aporta una profundidad psicológica y existencial que funcionan como un estudio de su personaje, por lo que su actuación se aleja de los cánones de la industria pornográfica. El atractivo de Spelvin llamaba la atención porque su rostro asimétrico y rasgos felinos no encajaban en los estándares de belleza del cine para adultos de aquel entonces, permitiendo que su personaje se sintiera más apegado al de una mujer real haciendo que las mujeres de la audiencia pudieran sentirse identificadas con ella. Algo que es interesante es que al momento de la filmación Spelvin tenía casi cuarenta años, lo que se consideraba una edad mayor en actrices para participar en películas pornográficas o eróticas. Además, Spelvin contó en su biografía que en realidad había llegado al rodaje como cocinera del servicio de catering, pero cuando llegó John Cleems, el actor que interpreta a Abaca, Damiano le preguntó a Spelvin si le importaría leer con Cleems unas líneas del diálogo entre ambos personajes, Spelvin aceptó y Damiano quedó impresionado con su talento. No obstante, Spelvin decidió seguir su trabajo como parte del catering en los momentos fuera de cámara. Originalmente Justine Jones sería interpretada por la actriz Sue Flaken, pero las razones por las que abandonó el papel no están del todo claras. Entre las versiones que se manejan están que salió por una emergencia médica y la segunda es que ya no quería el papel protagónico. Sin embargo, Flaken aparece en una escena sexual de la película.
La secuencia inicial sirve como prólogo y flashback (en aquel entonces este era un recurso narrativo poco utilizado) que se encargará de presagiar lo que sucederá en el desenlace y a partir de ese momento la trama consigue atrapar al espectador. La siguiente escena cambia al departamento en Nueva York de Justine Jones, a quien conocemos en un aspecto muy íntimo: es una mujer soltera de más de treinta años, deprimida y sexualmente frustrada. Está harta de su vida monótona y siente un inmenso vacío emocional, por lo que decide quitarse la vida. Al llegar al más allá se encuentra en lo que pareciera ser la sala de una casa rústica de campo, pero que en realidad se trata de una sala de espera administrativa donde es recibida por Abaca, interpretado por John Clemens, una especie de «mediador funcionario» que le informa que, a pesar de haber llevado una vida impecable y pura (es bastante evidente que sigue siendo virgen), no puede entrar al cielo y deberá permanecer eternamente en el purgatorio o el infierno. Disgustada por esto que considera una injusticia, Justine le suplica a Abaca regresar a la tierra temporalmente para entregarse a uno de los pecados capitales: la lujuria desenfrenada que nunca pudo experimentar en vida y así ganarse un lugar en el infierno. Abaca se apiada de ella y le concede esa oportunidad, pero una vez que termine el plazo, Justine deberá regresar para enfrentarse a su inevitable condena.
Para la creación de su estructura narrativa, Damiano se inspira en la obra teatral existencialista A Puerta Cerrada (titulada originalmente como Huis Clos) escrita en 1944 por el filósofo Jean-Paul Sartre. En la obra del filósofo tres personajes recién fallecidos llegan a una habitación completamente blanca, sin puertas ni ventanas para esperar su condena. Lejos de ser torturados y con la ausencia de elementos que conforman el infierno, los personajes se dan cuenta que la convivencia eterna entre ellos y la imposibilidad de ocultar todo el mal que hicieron en vida es en realidad su verdadero castigo. Desde su perspectiva, Damiano toma tanto la construcción metafórica del infierno como esta parte del texto de Sartre para inspirarse y además escenifica la frase «El infierno son los otros» durante la secuencia final, cuando Justine vuelve para cumplir su condena en el infierno y la vemos preocupada. Abaca la convence desmintiendo el mito humano acerca de cómo es descrito el infierno y le promete que estará muy cómoda; en cambio, Justine termina en una habitación encerrada con un hombre que no quiere satisfacerla sexualmente ante la desesperación de Justine. Este desinterés es donde queda reflejada la frase de Sartre, ya que Damiano convierte el infierno en un estado mental que sirve para condenar eternamente a su protagonista ante la imposibilidad de seguir ejerciendo su propia sexualidad desenfrenada dentro un lugar donde no hay escapatoria y que por si fuera poco nunca pudo alcanzar la plenitud.

Mientras analizaba esta película a profundidad me di cuenta de que Damiano no sólo se basa en la filosofía existencial de Sartre, también está presente un paralelismo a la perspectiva filosófica de Albert Camus que aparece en su ensayo El Mito de Sísifo. En esta obra Camus profundiza el absurdo de la existencia del ser humano utilizando el castigo eterno del personaje de la mitología griega que empuja una roca hasta una montaña cuesta arriba solo para que termine cayendo al valle por lo que Sísifo repite la acción viéndola caer otra vez al mismo lugar. De acuerdo con Camus este castigo eterno representa una tarea mecánica y absurda que se volvía inevitable e interminable. Ahora bien, en la narrativa de Damiano Justine se entrega a distintas experiencias sexuales con hombres y mujeres una y otra vez, experiencias repetitivas que convierten su cuerpo en algo mecánico. La diferencia radica en que mientras Camus eleva a Sísifo a héroe absurdo al aceptar su destino estando consciente de que no hay un triunfo final y esto le permite alcanzar la lucidez existencial, Damiano invierte esta perspectiva dándole a su protagonista un final desolador y oscuro al convertirla en una prisionera de su propio deseo insaciable frente a la indiferencia de un hombre, ahí es cuando el verdadero infierno de Justine empieza a materializarse porque jamás podrá obtener la satisfacción. Justine entonces tiene que asumir la aceptación definitiva de su realidad, aunque esté condenada a la eterna insatisfacción del deseo debido a su lujuria desenfrenada. Aceptar esto implicaría llegar a la lucidez existencial planteada por Camus que concluye su texto diciéndole al lector que «hay que imaginar a Sísifo feliz» entonces en la obra visual de Damiano al tener una conclusión claramente pesimista tenemos que imaginar a Justine aceptando su realidad como una mujer derrotada porque para ella no hay vuelta atrás ni puede arrepentirse
Dicho esto, dado que este paralelismo al ensayo de Camus no forma parte de la inspiración principal de Damiano y en realidad se trata de una lectura personal, es imposible pensar que Justine se negara a su destino, en primera, porque esa no fue la intención principal del director. Si le hubiera dado la redención a Justine para abrirle el camino al cielo, la dimensión existencial de la narrativa inspirada originalmente en el texto existencialista y filosófico de Sartre se perdería por completo y la película se convertiría en una fábula moral con una lección espiritual.
La dimensión existencial en la estructura narrativa durante el transcurso de la narrativa permite que Justine experimente una profunda transformación psicológica y oscura. En los primeros minutos de la película es una mujer reprimida resignada a su destino final; cuando empieza su despertar sexual vemos a Justine como una mujer tímida porque no tiene experiencia que poco a poco va aprendiendo y mientras se adentra en las profundidades de la lujuria su personalidad cambia y pasa de explorar lo que le gusta a ser la fuerza impulsora de su propio cuerpo. Pero Damiano no sólo acentúa el desarrollo de su protagonista en su personalidad, sino que también lo hace a través de su vestuario: al inicio Justine viste de blanco, portando un vestido de seda y el maquillaje es mínimo, mostrando un aspecto más natural que sirve para enfatizar su inocencia e inexperiencia sexual. Al final de la película el vestuario Justine cambia completamente a un vestido transparente negro y lleva maquillaje más elaborado, retratándola como una mujer fatal convertida en una insaciable ninfómana.
La película combina la impecable fotografía del director João Fernandes que mezcla un lenguaje visual en tonos ahumados y ocre que junto con la textura granulada le aportan un distintivo sello al estilo retro pop de la época dando como resultado una atmósfera onírica; la banda sonora que fue compuesta por Alden Shuman especialmente para la película también logra sobresalir al enmarcar a la perfección cada escena. En cuanto a sus aspectos técnicos fue filmada en 35mm con una relación de aspecto de 1.85:1 lo que aporta un mejor valor comercial frente a otras cintas pornográficas. Esta relación de aspecto de pantalla en formato panorámico (Widescreen) no solo sitúa a Justine en el centro de la historia, sino que sirve para subraya en la tensión narrativa las emociones que la aíslan que van de la soledad de su entorno pasando por la enunciación de la autonomía de su propio cuerpo durante sus experiencias sexuales para posteriormente situarla en un espacio que la dejará a la deriva.

Sin duda alguna considero a The Devil in Miss Jones como la mejor película perteneciente a la Época de Oro del Cine Porno. Si hablamos de su estructura narrativa existencial, el desarrollo del personaje y la actuación de Spelvin es mucho mejor que otras que salieron en su momento. Por ejemplo, en Behind the Green Door (1972) dirigida por los hermanos Jim y Artie Mitchell, que protagoniza Marilyn Chambers no hay un desarrollo del personaje que interpreta y por consiguiente no demuestra tener las condiciones suficientes para ser actriz, es nada más una presencia que ilumina la pantalla con su belleza al representar el arquetipo de la «chica de al lado» (girl next door) pero es evidente que carece de talento.
Pese a ser una de las películas más importantes de la década de los setenta y de su género hay que reconocer que The Devil in Miss Jones quizá no haya dado un importante cambio en las cintas pornográficas de años posteriores a la Época de Oro del Porno ya que no cuentan con una narrativa tan bien elaborada, prefiriendo enfocarse más en las acciones sexuales para estimular al espectador, dejando a un lado las historias que presentan, que en realidad no tienen importancia alguna y sirven como vehículo hacia el acto sexual.
Con su película Damiano no solo logró explorar los límites del erotismo de una manera más artística y sofisticada inspirándose en el argumento de una obra de teatro existencialista, sino que junto a todo su equipo de producción desafiaron a la censura y a la ola del conservadurismo de la época colocando a The Devil in Miss Jones en una obra pornográfica sin precedentes e incomparable.
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