Gaspar Noé y la crueldad del tiempo en ‘Irreversible’ (2002)

Irreversible (2002) es un viaje que merece hacerse por lo menos una vez. Un ejercicio necesario para entender la forma en que el tiempo destruye implacable y la naturaleza del ser humano es regida por un azar aterrador. La estructura del filme del director Gaspar Noé es desafiante y es una razón más para aceptar la odisea: doce planos secuencia presentados de forma narrativamente inversa, comenzando con los créditos finales y terminando en el arranque de la trama.

En orden cronológico, la idea no es tan compleja: Alex (Monica Bellucci) y Marcus (Vincent Cassel) son una joven pareja francesa, se despiertan muy enamorados una mañana y ella se entera ahí que está embarazada; ambos acuden a una fiesta con su amigo Pierre (Albert Dupontel), donde después de una discusión, Alex decide regresar a casa sola. En un sórdido túnel de las calles parisinas, la joven será salvajemente violada y dejada en coma por un sádico proxeneta conocido como La Tenia (Jo Prestia).

Lo que sigue es la búsqueda del criminal por parte de Marcus y Pierre para cobrar venganza, descendiendo al infierno mismo del sexo y la ferocidad del club homosexual sadomasoquista Rectum. Todo sale mal: crimen sin castigo, muerte y bestialidad imprudente supurando.

Los mejores momentos de Irreversible no son los que cargan con su célebre violencia excesiva, lo relevante está en cada reflexión filosófica sobre el tiempo, junto con una visión humanista y emocional de lo frágil de la existencia y lo aterrador de las consecuencias de cada decisión elegida.

Gaspar Noé decide iniciar con oscuridad, violencia e incertidumbre, para terminar con una luminosidad que destella en el pasto verde, niños corriendo y un aspersor de agua como símbolos de vida que comienza, mientras de fondo suena la Symphony No.7 in A major op.92, Allegretto de Beethoven.

Las premoniciones en nada cambian el destino de los personajes, quienes avanzan confiados a la tragedia sin saberlo. Irreversible es una película para verse una sola vez, su crueldad gráfica complica un segundo acercamiento. No obstante, la honestidad del cineasta franco-argentino brota como un reflejo estremecedor de la agresiva e inestable condición humana.


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